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José Luis Pueyo
Lunes, 30 de Enero de 2017 00:00

Fátima

Me gusta ese nombre. Tengo una buena amiga que se llama así y cuando lo escucho me viene (venía, debo corregir) su imagen a mi memoria y sonrío. El problema es que la Ministra de Empleo y Seguridad Social se llama igual.

Fátima Báñez le escribió una carta a mi madre hace poco. Entiendo que mi madre simplemente será una de los más de 8 millones de pensionistas a las que Fátima les habrá escrito. Haciendo una cuenta así a ojo, si la carta cuesta pongamos 1 euro (entre los papeles, impresión, sobre y envío), se han gastado 8 millones de euros en contarles a la gente que les han subido la pensión un 0,25%. Para flipar, por doble motivo, por la vergonzosa subida y por el inútil derroche de dinero público.

Cuando aún no habían pasado ni dos minutos después de leer la carta, entré a la farmacia a comprar a mi madre un colirio bastante importante para el problema de sus ojos. La oftalmóloga me había avisado de que lo habían quitado hacía poco de la lista de medicamentos subvencionados. Yo pensé “bah, serán cuatro perras, sólo es un colirio”. Error. Casí 30 euros...

La subida de la pensión de mi madre asciende a la escalofriante cifra de 1,8 euros al mes. Multiplicando por 14 pagas, le sale un aumento anual de unos 25 euros. Es decir, con lo que se ha ahorrado Fátima con el colirio, tiene para pagarle la subida de todo el año a mi madre, mandarle la carta, y aún le sobra algo para hacer caja.

Pues sí, la Báñez me ha jodido. Ahora ya no puedo sentir así de entrada esa bonita emoción de acordarme de mi querida Fátima el escuchar ese nombre. Ya sólo me queda desear que desaparezca pronto del mapa político para que el paso del tiempo borre de mi cabeza su recuerdo y deje volver al de mi amiga. Sospecho que quien la sustituya no cambiará las cosas, lamentablemente, pero al menos me ahorraré ese mal trago. Triste consuelo, también hay que decirlo.

 

 

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