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Ana Mª Andreu
Viernes, 03 de Febrero de 2017 00:00

¡Va por ustedes!

La semana pasada moría Bimba Bosé y esta noticia se metió en nuestras casas. Las muestras de afecto a la familia fueron numerosas y también  las aberraciones que soltaron algunas malas personas que se refugian bajo el anonimato de las redes.

Esos días muchas comprobamos la fecha de nuestra última mamografía, miramos el reflejo de nuestros pechos en el espejo para ver si había algún cambio y los palpamos milímetro a milímetro buscando bultos sospechosos.

No es que la muerte de un famoso nos afecte más, pero por unos días le pones cara y nombre a la enfermedad. Me gustó un comunicado de una asociación contra el cáncer, en  el que se  decía que  a los enfermos no se les podía llamar valientes porque eso quería decir que hay cobardes y no los hay; no se les podía llamar luchadores porque no están en guerra, están enfermos y  lo que necesitan es amor, amor y apoyo para seguir adelante, como en todas las enfermedades graves.

Y en esto me acordé de la pareja de Bimba, un chaval de veinticuatro años que estuvo con ella desde el primer momento. Tiene la edad de mi hija. Tengo que reconocer que me he sentido mala persona, porque si mi hija me dice que lleva unos meses saliendo con una persona de cuarenta y un años, primero le digo que si está loca y si encima me dice que esa persona tiene cáncer,  le suelto una retahíla de cosas como que si quiere echar a perder su vida, que se lo piense, que la acaba de conocer, que va a ser muy duro. Creo sinceramente que es lo que le hubiese dicho, aunque luego la hubiese apoyado en todo.

Por eso, quiero rendir un pequeño homenaje a las parejas que están ahí apoyando y cuidando a los enfermos con una sonrisa. Que son su bastón y su paño de lágrimas. Que se esconden para llorar y gritan su dolor en silencio. Esas, las que no se rinden, porque no seamos ilusos, son muchas las que abandonan porque no pueden soportar la enfermedad.

 

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