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José Luis Pueyo
Miércoles, 01 de Marzo de 2017 00:00

Seguridad social

Últimamente, mi madre está haciendo bastante uso de los servicios de la seguridad social. En diciembre una bronquitis la llevó a urgencias y a ser hospitalizada 5 días, y luego otros 5 en atención domiciliaria. Y paralelamente a ello, una alarmante pérdida de visión la ha llevado a visitar la consulta de oftalmología en varias ocasiones, incluso a ser intervenida quirúrgicamente la pasada semana.

Y en estos dos meses en los que mi contacto con la sanidad pública ha sido frecuente, me ponía a pensar muchas veces en los comentarios que uno se escucha de vez en cuando de ciertas personas, incluidos amigos. Me refiero a los comentarios críticos. Y más concretamente estoy pensando en los comentarios que se refieren a los trabajadores, bien sean el personal de enfermería, auxiliares, médicos, celadores... Un día me llamó la atención un comentario que hablaba de que sobraba personal en las consultas externas, que era innecesario que los médicos tuvieran a su alrededor tanta gente como parecían tener cuando ibas a una consulta. Intentaba avalar así la mejor gestión del personal que, según él, hace la sanidad privada.

Y como decía, al estar acompañando a mi madre en su periplo hospitalario, pude vivir de primera mano ciertas situaciones. La consulta de oftalmología me sorprendió. En el primer día que fuimos, la verdad es que lo que más me llamó la atención fue la larga cola que había esperando en el pasillo, y lo lento que parecía discurrir todo pese a que varias enfermeras entraban y salían sin parar yendo de una habitación a otra y echando gotas a los pacientes que esperaban fuera. Nos habían citado a las 10, y a las 11:30 todavía no habíamos sido atendidos. Mi peores presagios de que mi amigo tuviera razón y que el funcionamiento de la sanidad era ineficiente, asomaban a mi mente. Y entonces nos llamaron. Allí dentro se juntaban 3 pacientes a la vez sentados en diversas máquinas, y con 3 enfermeras (o lo que fueran) haciendo pruebas a cada uno de ellos. Así como liberaban una máquina pasaban los resultados a la oftalmóloga, llamaban a otro paciente, y así uno tras otro. No paraban. La actividad era frenética, la eficacia notable, y el trato con los pacientes exquisito.

Cuando mi madre pasó al quirófano la semana pasada, tres cuartos de lo mismo. Un buen puñado de personal (desconozco sus cargos) se encargaba de gestionar todo el proceso de paso por el quirófano. La coordinación entre ellos, la eficacia y el trato al paciente, de 10.

Y si me acuerdo del paso por urgencias, y de la hospitalización, exactamente la misma valoración: profesionalidad absoluta. Y si hablo del servicio de atención domiciliaria, las alabanzas aún deberían aumentar. Desconocía que existiera un servicio de tan gran utilidad y de un funcionamiento tan impecable. Nuevamente, de 10.

No dudo de que habrá algún profesional en algún puesto que no merecerá tal calificativo, en todos los lugares sucede, lamentablemente. Pero criticar a nuestra sanidad pública atendiendo al criterio de la profesionalidad de su personal, según mi experiencia resultaría lamentable. Más bien al contrario, lo que se me ocurre es alabarlos, y darles las gracias porque a pesar del permanente intento de destrozar la sanidad pública con continuos recortes, son capaces de sacar adelante las cosas mucho más que dignamente. Sólo se me ocurre darles la enhorabuena por su trabajo, y sobre todo las gracias.  

 

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