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José Lop

Desmemoria Histórica

Leí hace unos meses la aportación del Sr. J. Casanova al libro Víctimas de la Guerra Civil. Me llamó poderosamente la atención que a un bajoaragonés le faltaran adjetivos para calificar y condenar la represión franquista y únicamente dedique una sentencia lapidaria: "se cometieron algunos abusos" para comentar la violencia del otro bando.

Tiene razón el Sr. Casanova, se cometieron abusos. Después de sofocar la resistencia en Caspe, en las demás poblaciones hubo algún disparo pero no se puede calificar de resistencia, los milicianos venidos de Cataluña guiados por sus correligionarios locales iniciaron una despiadada caza de "enemigos" del pueblo, con numerosos linchamientos y ejecuciones. Empezaron en Caspe, apaleando por las calles a los prisioneros y obligando a las madres a salir al balcón a ver el espectáculo. Se ejecutaron en toda la región a los curas, a ricos o acomodados (*) y personas religiosas, de derechas, ricos o pobres. En Castelserás cuando iban a linchar al médico, lo llevaron primero a asistir a una parturienta de izquierdas, lo apalearon y lincharon después, a algunos ejecutados les cortaron la cabeza y la llevaron rodando por las calles del pueblo, algún miliciano "gracioso" arrojaba algunas orejas amputadas en las mesas del bar: Tomaros una tapa con el aperitivo. En otros lugares se ató a algún sentenciado a las ruedas de un carro para llevarlo a ejecutar al cementerio, en otros se sacaban a los presos al balcón del ayuntamiento para que los allí congregados los sentenciara, se defenestraron algunos tirándolos por encima de la barandilla al suelo. En Alcorisa una mujer que le llevaba la comida a su marido preso, al abrir para fregar la del día anterior se encontró con el escroto de su marido en el interior, nadie informo a la traumatizada mujer si se aplicó anestesia para la cirugía.

Castelserás con 36 víctimas fue porcentualmente el más castigado y para viudas y huérfanos esto no fue el final. Se desalojaron a muchas de sus casas con lo puesto, las desnudaban y registraban exhaustivamente para que no se llevaran alguna monedita valiosa. A las que conservaban sus casas las desvalijaban completamente obligando a las víctimas a ayudar a sacar todo: Jamones y mondongo, el aceite, el grano, los gorrinos vivos, el ganado, la ropa, y bajo amenazas obligaban a entregar hasta el último céntimo, mi abuelo proporciono trigo a una viuda con huérfanos, ella hacia harina con un molinillo de café para cocer farinetas. Obligaban a niños y viudas a trabajar en sus propias fincas gratis. A una adolescente que se adornaba con un lazo azul la desnudaron violentamente y la pasearon por la plaza para regocijo popular, no lo superó, cuando terminó la guerra se recluyó en un monasterio.

Yo creo que hay un síndrome que afecta a los hijos que tienen ideas diametralmente opuestas a sus padres, cuando éstas tienen consecuencias siniestras. En Alemania el hijo de un destacado nazi, corresponsable de la muerte de cientos de miles, no lo pudo soportar, se suicidó, esa es la actitud, ese es el camino. A todos los pos antifranquistas, que crecieron como los hongos con la democracia, que se encontraron, que sufrieron un padre de derechas, quizás falangista, que sienten esa angustia ese desgarro interior, que lo resuelvan individualmente, en solitario, que ejecuten la honrosa ceremonia del haraquiri, como alternativa para los que no tienen cuajo, que envenenen a su padre.

Dejen ya de predicar el revanchismo y de entorpecer la convivencia.

(*) El padre del Sr. Casanova, persona de familia acomodada huyó y se refugió en Zaragoza para salvar la piel. Sabia decisión.

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