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Miguel Ángel Berna en Alcañiz: la jota debe naturalizarse, bajarse del escenario
Lunes, 13 de Marzo de 2017 00:00

Lleva más de cuarenta años bailando, mezcla la jota con otros tipos de danza, la baila sin traje de baturro, muestra su arte en escenarios de todo el mundo. Ayer domingo, en Alcañiz, los alumnos más mayores de la Escuela de Baile “José Antonio Pedrós”, tuvieron la suerte de tener al bailarín y coreógrafo zaragozano Miguel Ángel Berna como profesor.

Les dio una clase magistral en el antiguo Mercado de Abastos, donde el bailarín aseguró que los alumnos “madera, claro que tienen. Está ahí, lo que hace falta ahora es potencialidad, intentar sacarla” y “empezar a elevarla”, porque, dijo, el cerebro humano es “una computadora increíble” y el objetivo con los alumnos es “trabajarla”, además de transmitirles que hay que “tomar conciencia” de que la jota no debe acaparar sólo los escenarios, sino tener sentido “en nuestra vida cotidiana”.

“A veces, lo que pensamos que es tradición, vemos que es otra cosa, que es un baile que no está vigente hoy en día en la sociedad, que está solamente en los escenarios”, dijo Berna, considerando que “quizá lo que nos falta en este caso es la naturalidad, el bailar espontáneamente. A veces nos avergonzamos o si no nos vestimos de baturros o de joteros no somos capaces de bailar la jota y quizá habría que entender por qué ha pasado y cómo le ponemos solución. Ya no sólo por nosotros, sino por las nuevas generaciones, para que entiendan cuál es el verdadero valor de la tradición, qué es lo que hay escondido detrás de un paso de vals, de una media luna o de un patada, punta tacón más allá de la estética o de la vestimenta que nosotros le podamos poner”.

El bailarín cree que a la jota “le hemos puesto un envoltorio y no la dejamos que se exprese en su naturalidad. Muchas reglas, muchas imposiciones. Cuando hablamos de libertad, de espontaneidad, hablamos sobre todo de valores y, a veces, se produce esa controversia, ese choque entre la tradición del pasado y el presente y tenemos que pensar también en el futuro”.

Según Berna, “todo va hacia adelante, intentas mejorarte cada día y hay creencias que teníamos que de pequeños pensábamos que eran de una forma y después cuando descubres, le encuentras otras finalidades, otros recursos. Con la jota ha pasado igual, el problema es que no ha cambiado nada, sigue exactamente igual, lo que hace difícil que atraiga a nuevas generaciones. Empatizan más con tipos de baile o de danza como el hip hop o el rap, por ejemplo, porque es de la sociedad de hoy. Pero si nos damos cuenta el rap es una canción de protesta, que es la función que tenía la jota antes también, o cantar copla, o una función también amorosa, de romance, de cortejar. Esto hoy se ha perdido con la jota, entonces los chavales buscan algo con lo que se identifiquen, que puedan bailar en una discoteca o en un disco-bar o que se puedan comunicar con los demás, que era la funcionalidad de la jota, no sólo subirse a un escenario. Subirse a un escenario está bien pero no es ese el objetivo”.

“Quizá, lo que hemos perdido en esta sociedad es la espontaneidad y quizá en un baile como este es fundamental”.

La espontaneidad y la unidad: “me he dado cuenta de que el agua cuando se estanca se pudre y cuando se pudre entran las envidias, las críticas, los celos y sobre todo la poca unidad. Este es un baile de colectividad y la hemos perdido. Es muy individualista, se ve en las filas, en la rigidez, no hay corros, no funciona de una forma unitaria, no se baila espontáneamente y yo creo que esto es lo que tenemos que recuperar, pero, claro, cómo lo recuperamos. Esta es la pregunta. Algo que se ha quedado en el pasado, cómo lo haces. Dices “me he quedado en los años cuarenta, cómo me remonto a hoy”, pues esa digestión es la que hay que hacer. Hay que comerse el bocadillo de jamón, hacer la digestión y después ponerse en funcionamiento”.

Dice Berna que “si la jota es el baile que nos identifica, madera tiene que haber. Lo que pasa es que a veces las cosas están muy escondidas y para sacarlas a la luz es complicado. Primero la luz te da en los ojos y te hace daño y ya piensas que es mala, pero si tú la sabes transmutar, evidentemente la luz es lo que nos da la vida y yo creo que interiormente todos tenemos esto, lo que hace falta es verlo y, sobre todo, no el hecho de dar órdenes. Nadie tiene la verdad, yo tengo la mía, pero cada uno tiene su verdad. Lo que hay que poner encima de la mesa son puntos de vista para que después cada uno saque sus propias conclusiones. No podemos imponerle a nadie nada y, a veces, en este baile lo hemos hecho, en este canto: “esto es así porque cantaban así”. Bueno, cantaban libremente, pero lo hacía cada uno dentro de una unidad, dentro de una armonía. Lo que no se puede perder es la armonía”.

Esa motivación es la que José Antonio Pedrós quería que recibieran sus alumnos, por eso se encargó de contactar con Berna para que pudieran recibirla directamente del bailarín. Ayer se vio a los alumnos trabajar duro, seguir los pasos de Berna y reírse abiertamente cuando éste les mostraba con humor cómo librarse de la rigidez y naturalizar los pasos de la jota, “soltarse”, sin perder la armonía, la unidad.

 

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