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José Luis Pueyo
Miércoles, 22 de Marzo de 2017 00:00

Degradación permanente

No tengo claro cómo viven el Alcañiz de entre semana sus habitantes, no sé si se sienten a gusto o si tienen razones para quejarse de unas u otras cosas. Tan solo me paseo unas breves horas los domingos cuando vengo a visitar a mi madre. Pero esos pequeños momentos en los que me desplazo por algunas de las zonas de mi pueblo, me bastan para darme cuenta de que en cosas tan básicas y a la vez tan llamativas como es el estado de las calles, el abandono en muchas de ellas es evidente.

Me muevo por la zona de la feria y alrededores del otro lado de la carretera. ¿La gente que vive por allí paga impuestos municipales? Sospecho que sí. Pero les sugiero que dejen de hacerlo. Me ahorro los detalles, es mejor que quien tenga curiosidad se pasee por allí...

Otro lugar por el que voy mucho es por el cuartelillo, paseando a mi perra Lili. En el andador que sube paralelo a la calle San Pedro, hay que hacer verdaderos ejercicios de equilibrio para no torcerse un tobillo o hasta partirse una pierna. Me da tanta angustia ver esa ruina de andador que creo que voy a buscar otros lugares para airear a mi Lili.

Que por cierto, hablando de perros, debo decir que el paseo lo hago acogotado ante la posibilidad de que si durante algunos segundos se me ocurre soltar a Lili para que camine un poco a su aire, aparezca la policía y me cruja... En Zaragoza, ciudad en la que hay miles de perros, tiene una ordenanza por la que en ciertos lugares (céntricos y muy concurridos, para más señas) y durante ciertas horas, los perros pueden pasear sueltos. Pero en mi pueblo, en el Cuartelillo, lugar prácticamente desértico de seres humanos, la ordenanza obliga a sufrir a los animales... en fin.

Pero a lo que iba, que me pierdo. Lo que me parece más penoso, es que este tipo de cosicas se podrían solucionar con un puñado de euros. Se trata de comprar unos sacos de cemento y arena, llamar a la brigada, y en tres o cuatro semanas tienes todas esos problemas (y los que no he detectado pero que seguro que otros vecinos conocerán y sufrirán) solucionados por cuatro perras.

Supongo que el señor Suso debe tener cosas más importantes que hacer que preocuparse de unas mínimas tareas de mantenimiento de su pueblo. A ver si algún día me percato de dónde mete su energía este señor.

 

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