J!Analytics

Buscar columnistas

Recibe las noticias en tu e-mail


Marta Prades

La farola

Para quienes no hayan nacido en Alcañiz, o no lleven residiendo en esta localidad unos años, probablemente el título que encabeza este artículo les recordará al periódico que vemos vender a muchas personas, a veces como único recurso para quienes ya no tienen otros recursos, por las calles de las grandes ciudades. Y aunque ese “medio de comunicación” también merecería un análisis y probablemente otro artículo, yo me centraré en la farola que los alcañizanos, afortunadamente ya, tenemos más próxima.

Los alcañizanos, y aquellos que ya se sienten como tal por los muchos años aquí vividos, nos sentimos muy orgullosos de la impresionante y majestuosa Plaza de España que engalana nuestro pueblo. La arquitectura, la historia y todas aquellas personas más o menos ilustres que ayudaron a construir la comunidad que hoy somos nos dejaron esta joya que hoy disfrutamos. Pero, como suele ocurrir la mayoría de las veces, lo que marca el día a día de una ciudad son las cosas pequeñas, pequeñas como una farola.

Durante años, la farola ha constituido el punto de encuentro “estratégico” para generaciones. Ya sea para el chupinazo de Fiestas, los toros de fuego, ver las Palometas o para esas primeras salidas en cuadrilla que no sabes muy bien a dónde ir. “¿Dónde quedamos? En la farola”.

Que un desafortunado accidente hace dos años la rompiese no debería ser un problema; que un Ayuntamiento tarde dos años en repararla sí es un problema.  No es un diseño innovador, ni es obra de un artista abandonado por la inspiración. Ni siquiera algo tan terrenal como el dinero debía suponer un problema, ya que para eso están los seguros de accidentes.

En los últimos años, calles y plazas de Alcañiz han sido remodeladas y cambiadas -con dudoso acierto en muchos casos, eso  lo dejo al criterio particular de cada uno- pero con nulo mantenimiento, cero inversiones y ninguna responsabilidad. La inactividad del equipo de gobierno quedó de manifiesto en el Consejo de Ciudad, que “se les olvidó” convocar. Los ciudadanos demandamos una ciudad más limpia, mejores accesos a colegios, instalaciones deportivas más dignas y seguras, recuperar nuestro casco antiguo, el camping, parques mejor cuidados, calles sin baches; una ciudad más viva y amable… Y una farola, que ha tardado dos años en llegar.

La farola es ya un símbolo: un nexo de unión de los vecinos; o una muestra del abandono de nuestro pueblo.

Pero me quedo con lo bueno, ya podemos quedar en la farola.

Compartir

 

-