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Nuria Julián
Miércoles, 29 de Marzo de 2017 00:00

A borbotones... Soy madura y la vejez está cerca

Los  años  van  pasando y  nuestra  vida  se  va configurando  con  todas  nuestras  experiencias vividas.  Sintiendo  nostalgia  de  otros  tiempos,  no  sé  si  mejores,  pero tiempos en los que  éramos  mas  jóvenes, más  saludables  y  también  con  más ímpetu,  aunque  en la juventud aprendemos, en  la   madurez  entendemos.

Nostalgia  de  esa  juventud , de la inexperiencia , de la  sorpresa, de la impulsividad  que teníamos  cuando   teníamos  veinte y pocos…  ahora  empezamos  a  ver  así a nuestros  hijos  aunque desde  la faceta  de padres  y   por supuesto  más críticos, como creo que eran nuestros padres… se ve  diferente según el lado en el que estás y en este lado cuando  uno  comienza  a recordar es que comienza la cuenta atrás.

Ya nada  será  como  antes ni  nuestra  forma de actuar… ni nuestro cuerpo, del cual cada  uno  tenía  su  parte predilecta  que  explotaba  o  resaltaba  para  sacar más  partido…  ahora en numerosas  ocasiones  vamos escondiendo para que no se note  el  deterioro  del tiempo,  mirando y comparándonos  con  otras  personas  para  ver  el efecto que  ha tenido  en  nosotros el  paso   del tiempo.

También miramos  a nuestros  mayores  y nos damos  cuenta de cómo  seremos  nosotros  en un tiempo  no muy lejano,  cómo la  cara  se nos llenara de surcos,  cómo  la flacidez  llegará a  nuestra expresión, aunque  de  algo  estoy  segura,  la mirada  permanecerá  intacta,  es lo único  que permanece inalterable…Con el tiempo  esa  mirada  será  más  dulce,  más  libre   y  más  amplia.

Y  la  mente,  como  llegaremos  con  la  mente  nos  pareceremos  a papá  o  a mamá …  a quién   querrá el capricho del destino  que nos  parezcamos,  tendremos  una  mente   brillante   capaces  de ser autosuficientes  hasta el  final o  entraremos  en  las tinieblas  de  la confusión…  y si es  el  caso  seguiremos  siendo  como somos  o  seremos  más  agresivos,  insociables,  conformistas  cariñosos… nos  soportarán  nuestros  hijos… Para ello ya solo nos faltan veinte  y  pocos años.

Al  llegar  a  la vejez  nos  daremos  cuenta  de  lo sembrado  en  la  juventud  y cultivado en  la madurez,  si  hemos  sembrado  en  buena tierra  o en baldío,  si regamos  a  tiempo   o  si  dejamos  secar  los  árboles  que  plantamos,  si  sujetamos  los  tallos a  tiempo  o si dejamos  que el tiempo  lo hiciera. Un viejo  no  puede  hacer  lo que hace  un  joven, pero  lo que  hace  lo  hace mejor  y con más  cariño.

Los hijos  crecerán  y  serán  padres  y  abuelos  y  la  rueda de la vida seguirá  y en  ella surgirán  las  mismas dudas ¿Lo he hecho  bien?  ¿Me quieren  mis  hijos? ¿Son  hombres   y  mujeres  con principios?  Todos  en  algún  momento  creen  que nos hemos  hecho  esta  reflexión. Aunque   también  puede  pasarnos como los  vinos,  la  edad  agria  los  malos y mejora  a  los  buenos…  ¿Cuál seré yo?

Recuerdo  cuando  en casa  se   hablaba  de ir a una residencia  de mayores y yo me  enfadaba  por cómo  pensaban  mis padres…  quitándome  a  mí   la responsabilidad  de  su cuidado,  ahora  que son  mayores  lo  veo  desde  otro  prisma … les entiendo  y comprendo  que  no  quisieran  que  nos  involucráramos,  eso  si  cariño  que no les  falte   eso   es  lo  más importante   donde se esté  es  el  menor de los  males...  Puedes  estar solo  en  tu  propia  casa   o  acompañado  por los  tuyos  en  una residencia… la  cuestión es que el cariño sea correspondido y que no se olviden  de nosotros.

Esperaremos  que el destino  nos dé nuestro lugar… ya no dependerá  de nuestra voluntad.

“El  elixir de la eterna juventud  esta escondido en el único  lugar  donde a nadie  se  le ocurre  buscar,  en  nuestro  interior". F.Javier González Martín.


 

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