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Joaquín Galindo

Hospital Comarcal del Bajo Aragón

La promesa fue hace ya dos años. Para los entonces candidatos socialistas al Gobierno de Aragón, el nuevo Hospital de Alcañiz estaría en obras antes de final de 2015. En 2016, una partida presupuestaria de casi tres millones y medio de quesitos (€) para nuestro Hospital, se la comieron al Consejero Celaya, de Sanidad, los ratones del Consejero Gimeno, de Economía y Hacienda. La PROMESA ELECTORAL de 2015, ha transmutado en 2017 en PROMESA PRESUPUESTARIA, cuando los chicos nuevos de Podemos, le han dado permiso a Lambán. Pero el Señor de Ejea, sabe que los aragoneses somos como Santo Tomás, por aquello de “si no lo veo, no me lo creo”. Y una partida presupuestaria es un número en un papel y, a veces, en papel mojado. Con la tramitación parlamentaria del Presupuesto de 2017 nos vamos al mes de mayo; hay que terminar el proceso de licitación, adjudicar las obras. Pero como gustaba Santo Tomás, los bajoaragoneses queremos ver MÁQUINAS EXCAVADORAS Y HORMIGÓN, dónde se tendría que gastar Celaya más de once millones de quesitos (€), que corren el riesgo de ser comida de los ratones de Gimeno, si no hay tiempo material hasta el 31 de diciembre de 2017 para ejecutar ese gasto. Los responsables políticos del Gobierno de Aragón, tendrían que ser coherentes. El sistema político y electoral español, si no quiere perder de manera definitiva, la confianza de los ciudadanos, tiene que cambiar. Lo que se promete en una campaña electoral, tiene que ostentar carácter vinculante, a modo del “contrato social” que ya acuñó Rousseau a mediados del siglo XVIII, un Contrato Público del candidato de turno con el cuerpo electoral; en este caso con los electores del Bajo Aragón Histórico. Las ofertas y promesas en campaña electoral deben reputarse “verdaderos contratos vinculantes”, que producen derechos directos en beneficio de los electores. Y si una de las partes no cumple, el contrato representativo quiebra. Nuestro sistema político tiene que buscar fórmulas para que el candidato electo sea sancionado por cualquiera de sus incumplimientos. Mientras no configuremos, con rango de Ley, que el resultado de una campaña electoral se transforma en un mandato representativo, que se rescindirá cuando el mandatario (el político de turno) incumple la confianza que le han otorgado los mandantes (los electores), la calidad de nuestra democracia seguirá siendo pésima. Tome nota, pues, Consejero Celaya: con los presupuestos de 2017 no se construye el Hospital, porque los ratones del Consejero Gimeno siguen al acecho. Acuérdense de Santo Tomás: MÁQUINAS EXCAVADORAS Y HORMIGÓN. Si con excusas de plazos de ejecución de la obra, o cualquier otra,  a 31 de diciembre de 2017 no han gastado ustedes en el Hospital del Bajo Aragón, los once millones largos de quesitos (€) presupuestados, el Presidente Lambán lleva camino de convertirse en el Gato más embustero, desde la preautonomía aragonesa.  

 

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