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José Luis Pueyo
Miércoles, 05 de Abril de 2017 00:00

Nos va en el ADN

Sólo con atender a las noticias media hora al día, es suficiente para que a uno se le quede la sensación de que hay que desconfiar de todo bicho viviente en este país (de los de dos patas, puntualizo). La gente miente públicamente con un desparpajo y un salero inauditos sobre su condición de maleante profesional. Llevamos días con lo del presidente de Murcia (impresionante lo del tipo éste), o lo del director de la DGT (otro que tal, vaya profesional de la mentira), o lo de Paco Sanz (lo de éste es de traca, y que en el colmo del cinismo criticaba abiertamente a los padres de Nadia Nerea...). La lista la podríamos incrementar fácilmente con todos los casos ya de sobras conocidos por todos. Y la lista se haría interminable si se pudieran recoger los casos anónimos de los que todos podríamos citar múltiples ejemplos.

Pero le estaba dando vueltas al asunto y entonces mi preocupación ha aumentado de golpe. ¿Realmente es cosa de otros? ¿No seré yo también como ellos, y simplemente he de esperar que llegue “mi momento”? Y sí, me da la mala espina que debe ser así. En este país lo llevamos en el ADN, el gen del engaño y la picaresca va pasando generación tras generación desde mucho antes de que aquel ciego maestro de la estafa, le estrellara el jarro de vino en los dientes al joven Lazarillo...

 

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