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Ana Mª Andreu
Miércoles, 05 de Abril de 2017 00:00

Impotencia

Me he despertado a las cuatro de la mañana y mi pensamiento se ha ido con la noche. Lo he visto en mi mente como lo vio mi hija el último día que vino a casa, agazapado en un portal y quitándose la capucha de su sudadera oscura a su paso. ¿Estará hoy también ahí? ¿Estará detenido ante alguna ventana esperando ver? ¿Qué?

Estoy muy enfadada, enfadada conmigo, porque no puedo proteger las veinticuatro horas del día a mis hijas y enfadada con esta sociedad del buenismo. Para qué el castigo, para qué encarcelar a nadie, todo vale. Pero es paradójico que mientras se condena a una persona por unos twiter sobre Carrero Blanco, o eso dicen porque yo no me he metido en su cuenta (que por otra parte, para poner un poco de humor, tenían que haberla condenado por lo malos que eran, nada comparable con Tip y Coll), otros personajes, esos que entran en tu casa o te esperan y se quedan horas mirando tu ventana, esos están en la calle y si los denuncias por stalking (acoso), les cae una multa y una orden de alejamiento, ¿le sirve de algo a la víctima? Ella tendrá que seguir mirando a su espalda y seguirá asustada cada vez que un luz dibuje su sombra.

He avisado a todos los padres de la calle y de la de abajo, porque también se ven algunas ventanas,  que tienen hijas en edad de merecer, como se decía antes, de que el mirón ha vuelto o quizás nunca se ha ido. Nos enteramos de que había estado una temporada fuera porque así como aterrizó en Alcañiz ya nos hizo una visita, se personó a media noche medio oculto por la farola fundida del cerro mirando la ventana de mi hija y como nosotros no estamos siempre en casa, así que te sientes espiado y violado en tu intimidad.

¿Qué le digo a mi hija, cuando la veo temblar aterrorizada, cuando las calles se convierten en monstruos y es ella la que vive retenida, con altas vallas, rejas en las ventanas y no puede ir a según qué bares porque el susodicho los visita o como el último día que se quedó sin disfrutar de los tambores porque el viernes se lo encontró en la calle? Y no es el problema de mis hijas porque antes fueron otras y si conseguimos que deje en paz a mis hijas, serán otras las que tendrán el problema.

Y ahora llega el amigo de turno y te dice “eso se arregla dándole una paliza”. Pero tú y tu familia no sois como él, no deseáis que un delito se pague con otro delito. Además, hoy no se les puede tocar.

Si entran en tu casa mejor que les hagas un café y si vienen a robar les das la combinación de la caja fuerte o todo el dinero y joyas de la casa, sin que se muevan del sofá, no sea que se hagan daño y encima te denuncien. Estas son las leyes de este país que en muchas ocasiones defienden al delincuente.

Y sobre todo que no se me olvide, mi mayor agradecimiento a las fuerzas del orden porque en estos años cada vez que mis hijas han llamado a la policía y a la guardia civil han tardado los minutos que les cuesta llegar a mi casa y las han atendido muy bien.

Estas pocas letras sólo son un pequeño desahogo a mi impotencia.

 

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