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Alfonso Callejero
Martes, 11 de Abril de 2017 00:00

Amancio (no) es mi héroe

Hace unas semanas el prócer de los negocios y de la españolidad anunciaba que iba a donar varios cientos de millones para que la sanidad comprase equipamientos sanitarios. Lo que supongo que para muchos habrá sido motivo de algarabía, ejemplo, solidaridad y golpes en el pecho, al menos para mí es una mala noticia, por múltiples motivos.

En lo que respecta a lo fiscal, yo preferiría que Amacio Ortega no usara la ingeniería fiscal para que sus empresas tributen en países más amables con los ricos. Porque de las tributaciones que evade de sus empresas saldría el dinero para comprar esos equipamientos, sin depender que ese dinero llegue aleatoriamente, cuando él lo estime oportuno.

Además del beneficio fiscal que le supondrá hacer esa donación en rentas venideras.

También me parece una mala noticia, porque la sanidad pública no debería depender de financiación externa a la de las Administraciones Públicas. Porque podemos acabar entrando en la arbitrariedad a la hora de repartir el dinero, sin atender a criterios de necesidades sanitarias. Ya que es más fácil donar varios millones a la investigación de la leucemia infantil, pero muy poca gente se rascaría el bolsillo para crear un pabellón donde fuesen tratados los grandes quemados.

Canturreaba Facundo Cabral aquello de que "pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo". Hoy, para sorpresa de Facundo de seguir entre nosotros, muchos pobres también piensan que son patrones.

Pero estas alabanzas sí que son síntomas de que nuestra mentalidad colectiva se ha empobrecido, dado que solo somos capaces de valorar el éxito si va ligado a la acumulación de recursos y de dinero.

Por eso, no seré de los que loen a Amancio y ensalcen su capacidad de crear un gran imperio de la nada. Porque detrás de toda su campaña de imagen solo hay lagunas legales, morales e injusticias laborales que comete en los países donde tiene las fábricas.


Tal vez llegue el día en que entendamos que la vida ejemplar de Amancio Ortega es una premisa errónea y concibamos que el ilimitado crecimiento económico es algo que solo lleva a la destrucción en un mundo de recursos limitados.


Esperemos que llegue ese día, pero mientras tanto como cantaba Franco Battiato "la primavera intanto tarda ad arrivare"

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