J!Analytics

Buscar columnistas

Recibe las noticias en tu e-mail


Ángel Hernández

¡Que vuelva la Semana Santa!

Ya hemos colgado los tambores, descansan por fin las mazas, palillos, bombos, túnicas y terceroles.

Han pasado los días más grandes de la tierra baja, cuando nuestro latido se hace más fuerte, más sonoro si cabe. El color de las túnicas, los redobles, el calor del reencuentro, las procesiones, las rompidas; todo se llena de momentos, de la magia de la Semana Santa. Yo personalmente no lo cambio por nada, y con el buen tiempo la cosa cobra una dimensión enorme.

Hemos vivido estos días el tránsito de miles de personas, las terrazas de los bares llenas, los alojamientos de toda la provincia completos, los restaurantes a rebosar y con turnos; las tiendas que no han parado, el comercio a pleno rendimiento y nuestros pueblos, todos y cada uno de ellos, llenos de gente.

Soy de los que cree que nada es comparable al tambor, que nada tiene el impacto de la Semana Santa, y que pocas cosas pueden salirle tan baratas a las gentes del territorio. No hay cánones, ni inversiones, ni negociación de derechos; es accesible para todos, hay diversidad, emoción, hay tradición.  Y simplemente hablamos de lo que es nuestro, de lo que está enraizado, de una muestra de identidad colectiva, de un patrimonio inmaterial maravilloso que dinamiza la vida de nuestros pueblos y que fomenta el hermanamiento entre sus gentes.

Por eso yo me quedo con el redoble del tambor, porque ningún sonido es más hermoso, ni más rentable para esta tierra, y porque nada es comparable al hechizo que invade el Bajo Aragón desde la mañana del Domingo de Ramos hasta el silencio que se adueña de las plazas en la tarde del sábado santo.  ¡Que vuelva la Semana Santa!

Compartir

 

-