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José Alberto Pellicer

La desgracia de Alcañiz

A la mala actuación general de todos los políticos, Alcañiz suma una más, y es que siendo el tuerto en el país de los ciegos (la provincia de Teruel), los políticos tienen muy fácil medrar.

Para progresar políticamente lo más importante es estar callados, no molestar, pasar desapercibidos y realizar una labor de zapa dentro del partido.

Esta es la gran desgracia y la base para entender el abandono al que está abocado Alcañiz. Se espera a que lleguen las ayudas y las inversiones del resto de administraciones, se va chapuceando y a callar, no vaya a ser que salgan movidos en la foto y no los reconozcan.

Suso, el actual alcalde, es el perfecto ejecutor de esta estrategia. No hacer nada. Dejar que los tambores suenen en Semana Santa y los sonidos de Motorland acallen otras voces. Así todo va bien. Bien para él. Al menos eso cree.

El pasado 11 de diciembre hubo un desprendimiento en el cerro Pui Pinos. Se alarmó la teniente alcalde. Se alarmó la policía. Dio la voz de alarma Bajoaragón Digital. Pero no era cuestión de pedir dinero a las administraciones para algo que no luce, no era cuestión de preocuparse por un problema que no hace sonar más fuerte los tambores, no era cuestión de andar ajetreado en algo que con un poco de suerte le podía tocar a otra legislatura. Silencio. Primero silencio y luego a decir que todo es mentira. Y a seguir mintiendo.

Ahora que se cumple el aniversario del bombardeo de Guernica, yo crecí con el convencimiento de que los “rojos” habían bombardeado esa ciudad. Porque esa fue la consigna del franquismo. Cuando se dieron cuenta de que se habían pasado, dijeron que habían sido los otros. Cuando ya adulto descubrí la verdad y la decía, la mayoría pensaba que yo era el embustero, que estaba manipulando la historia en contra de Franco.

No han cambiado las cosas. Cuando se escribió que las viviendas del “corcho” corrían peligro por el corrimiento de tierras del 11 de diciembre, se negó, se puso una cinta de plástico de tres céntimos el metro y se miró para otro lado. El problema estaba solucionado. No había que hacer ruido. Cuando se confirmaron las peores teorías, Suso, el alcalde, dijo que el problema no era ese, que el origen no era el denunciado. Mentir sale gratis. Cualquier persona, cualquiera aún con alta graduación en la vista puede ver que el origen está, no en las proximidades, sino en el mismo punto donde se produjeron las grietas. Pero mintió y dijo que no. No importa, porque a pesar de las evidencias siempre hay gente dispuesta a mirar para otro lado y creerle. Y Suso, el alcalde, está dispuesto a repetir la mentira tantas veces hasta que nos haga creer que Guernica no fue bombardeada por su queridísimo Franco. Y digo queridísimo con conocimiento de causa, porque yo le he visto hacer alarde de su amor a Franco y a José Antonio, ya de alcalde, no en su juventud.

¿Y qué hace la oposición? Nada. Se nos cae el pueblo a trozos, nos invade la mierda y el abandono, se permiten los bares sin autorización y molestando a los vecinos, se arrasa con “las espeñetas”, el último vestigio de un tipo de urbanización de Alcañiz que estuvo en muchas calles y si no fuera por el feisbuk, ni se enteran. Los concejales van en coche, alguno o alguna coge una bicicleta porque está en el protocolo de buena imagen de su partido y sin saber darle a los pedales se da cuatro garbeos, pero ninguno se patea el pueblo. Ninguno pregunta a los técnicos sobre actuaciones, informe o no el alcalde, ninguno está en el problema. Una de las expresiones que he escuchado más veces en los plenos por parte de la oposición ha sido decir que se han enterado de algún tema por los medios de comunicación. Vamos, que no se enteran si no se enteran otros por ellos. Los concejales tienen más medios, más accesos, más prerrogativas y más protección para acceder a la información que cualquier medio de comunicación. Si no se enteran, mal.

Entre todos se nos están cargando el pueblo. Pero si no me fallan los cálculos en este Ayuntamiento tenemos un presidente comarcal, una vicepresidenta, un senador, una diputada regional, un diputado provincial, a la que habría que sumar una concejala que renunció a su puesto porque no la nombraban diputada provincial. Mucho ¿no?, para una población tan pequeña.  Demasiado. Con el peso que tenemos que soportar los alcañizanos, no sé cómo no hay más desprendimientos.


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