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Alberto González

La generación echada a perder

Te sientas en el sofá mientras por la ventana ves cómo la noche le va ganando terreno al día, pones la televisión para ver las noticias, mientras tu madre, porque te quiere y cree que llegas cansado del trabajo, te prepara con mucho amor una suculenta cena y entre una maraña de noticias de corrupción, de atentados, incendios o catástrofes varias, se cuela la noticia del crecimiento económico de nuestro país.

Una noticia que debería alegrarnos el final del día, tras una jornada laboral extenuante, pero por qué no lo hace, porque lo dice un ente como el Fondo Monetario Internacional, el cual cuenta entre sus filas con gran número de buitres corruptos, presuntamente corruptos, porque nadie los juzga, yonquis del dinero que dan lecciones de cómo administrar el capital y cómo gestionar los países para el beneficio de los menos necesitados, caiga quien caiga por el camino.

Pero claro, yo que no sé la intrahistoria de la “señora” Christine Lagarde y sus nefastas medidas políticas al frente del ministerio de economía Francés o su imputación por malversación de caudales públicos, que además veo el Euribor por los suelos, que cuento con un trabajo estable, los precios de la vivienda bajos y a eso le sumo las buenas noticias que llegan desde estos organismos internacionales y las ganas locas de perder de vista a mi madre, a la que adoro, pero a la que cada vez le veo más rarezas, será la edad, veo el momento perfecto para  lanzarme a comprar una vivienda y voy a solicitar una hipoteca.

Voy al banco, el que sé que desde ese momento va a tener mi vida financiera en sus manos.

Le solicito un préstamo hipotecario y se me pide presentar una serie de documentación que data casi desde la época en la que comía con biberón, además de hipotecar de por vida a mi familia y de justificar que eres lo suficientemente solvente para poder devolver el préstamo en 20 años. ¿Alguien puede asegurar que va a ser solvente a 15 años vista? Pues menudo artista si lo es.

En fin, que tras presentar toda la documentación y ponerle velas a la virgen, me conceden la hipoteca, eso sí, cuál es mi sorpresa cuando me dicen que solo me conceden el  60% del valor de la hipoteca, que yo tengo que aportar el otro 40% además de todos los gastos de formalización y de gestión derivados de cambio de titularidad de un bien.

Concluyendo, señora Lagarde, ¿me puede explicar como un joven de 25-30 años que ha sido golpeado por la crisis-estafa desde el 2010, pasando 3 años en el paro, puede de repente disponer de más de 40.000€ para poder hipotecarse de por vida y entregar su alma al diablo?

De la crisis estaremos saliendo, pero los jóvenes de ahora no deben pagar los excesos que ha cometido la gente que ha usado los inmuebles como manera de especulación y eso el Banco de

España tiene que tenerlo muy en cuenta a la hora de marcar tantas restricciones al crédito o estaremos abocados a mendigar de por vida.

 

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