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Gonzalo Villa
Viernes, 26 de Mayo de 2017 00:00

Menguantes

Hasta la difunta Carme Chacón, no pudo sino tener un hijo con un divorciado, y ahora dicen que deja un huérfano, ya era huérfano desde que se divorció ella apartando al padre.

Y ahora se plantean conceder pensiones de orfandad a los 169 niños hijos de mujeres asesinadas por los que han sido condenados por ello, al parecer sus padres.

Que huérfanos de padre hay a razón de 123.000 divorcios al año, en que se impide la relación continuada y sin restricciones mayores a las que se someta la madre, con él, lo que viene a ser orfandad efectiva. Pero claro no habrá  pensión de seiscientos y pico euros al mes, para tantos.
169 huérfanos, dicen. Huérfanos de los llamados divorcios contenciosos, hay 14.000 al año. Y no son ni la mayoría de los huérfanos efectivos.

¿Y que es el divorcio contencioso? Pues una mujer rodeada de decenas de maltratadores, vagos y maleantes, que pretende sin contraprestación y si lógicamente no se le consiente, entra en parricidio. El padre ha de huir para salvar su vida. Claro, no puede salvar a sus hijas. La psicópata, entre psicópatas, va al juzgado con un par de indeseables legalmente requeridos, y una jueza decreta robar a espuertas, concediendo la custodia a la terrorista y sus afines, y un régimen de visitas ridícula de 10 horas al mes, avisando, de que va, para que se conciten descerebrados, con la voluntad de acabar con la paternidad. Ya ni incomodar los teóricos encuentros, ni alienar a las hijas, ¿para qué, pudiendo eliminar denunciando con mentiras, o simplemente callando los atentados?

Y luego dirán que hay que reunir unos méritos sobresalientes, y prepararse sobremanera para sacar la oposición y ejercer la justicia evitando ser engañadas por taimantes, o tentadas a prevaricar o sumarse a otras inquisiciones.

Y la gente parada, habiendo tantas fincas baldías, casas deshabitadas arruinándose. Y los que obtienen unos ingresos, por cientos de miles tampoco fabrican ni construyen nada, eso si no estorban o destruyen.

No encuentro en la dialéctica política, de gentes que no rehabilitan casas, ni producen comida, ni construyen cosas, ni erradican pestes, el léxico con el que formar personas para crear riqueza y distribuirla con justicia, y sí, hombres y mujeres menguantes.

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