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José Luis Pueyo
Jueves, 01 de Junio de 2017 00:00

Pero a quién se le ocurre...

Viernes 26 de mayo, 1 de la tarde, los termómetros muestran señales de alarma. Tenía una hora libre en el trabajo y decido aprovecharla para hacer el último entrenamiento antes de la 10K del domingo. Al regresar me encuentro en la puerta de entrada a un grupo de compañeros esperando relajadamente a que suene ell timbre. Uno de ellos me reconoce tras mi camuflaje deportivo y exclama “¿Tú estás loco? ¿Pero a quién se le ocurre salir a correr a estas horas y con este calor?”. El comentario se habría quedado en una mera preocupación amistosa, de no ser porque quien lo hacía llevaba un cigarrillo en la mano (e incontables ya consumidos en lo que iba de mañana, como todas las mañanas.) y el humo salía de su boca confundiéndose con sus palabras. “¿Pero tú no sabes lo que dicen los médicos, que no se debe correr con tanto calor, que es peligrosísimo para el corazón y para la salud?”

Durante unos segundos me quede mirando sin ser capaz de articular una respuesta. El cansancio me sirvió de excusa para demorar el comentario que imagino todos esperaban. Nada original surgía, así que me limite a ironizar diciendo, “Es verdad, para cuidar mi salud debería haberme quedado aquí con vosotros fumándome tres o cuatro cigarros, que sin duda es mucho más saludable que respirar oxígeno...”. Lo impresionante del caso es que el compañero estaba tan seriamente preocupado por mi salud que insistió: “Pero que es verdad, que es muy peligroso correr con tanto calor, te puede dar un paro cardíaco”. Agradezco su preocupación, más aún cuando tengo antecedentes familiares poco halagüeños. Pero no sé, sigo viendo su imagen una y otra vez llevándose el cigarrillo a la boca e inhalando ese veneno día tras día, y no puedo evitar pensar que mira que hay que tenerlos grandes para soltar el comentario que hizo...

La 10K la terminé bien, disfrutando de la misma y de la compañía de otros 5000 seres entusiasmados con la fiesta que fue la carrera. Y mira, creo que seguiré corriendo, y que seguiré corriendo el riesgo de un día tener que darle la razón póstuma. En fin, hay ocasiones en las que por mucho que me esfuerzo soy incapaz de comprender a algunos seres que me rodean.


 

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