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Ángel Hernández

Respeto al medio

Hay dos cuestiones inherentes al verano, que me hacen ser extremadamente belicoso o beligerante; como ustedes quieran. Una es el turismo cochino y otra el malgasto del agua.

De la primera diré que jamás he entendido a toda esa gentuza, y la califico así sin más, que desea disfrutar de parajes naturales, por su belleza, su tranquilidad y la calidad de su entorno, y lo hacen como auténticos marranos/as  dejando su porquería en aquel lugar que han ido a disfrutar. Si uno fuma lo que debe hacer es recoger las colillas y llevarlas a casa; si bebes en latas, las recoges (incluidas las anillas) y las llevas a casa; tu basura, en lugar de acumularla junto a un contenedor (en el caso de que lo hubiera) la metes en una bolsita y te la llevas a casa para depositarla en el contenedor que corresponda. Tu música es para ti, y los ríos no son neveras, ni bañeras. Tampoco se debe aparcar dónde a uno le apetezca, ni respetar las mínimas normas de convivencia. Lo que ha sucedido en Beceite o el salto del Bierge es un aviso a navegantes; nos queda esta campaña proteger en lo posible el tesoro del Bergantes.

Sobre el malgasto del agua diré que es superior a mis fuerzas; que no entiendo cómo a estas alturas de siglo y de cambio climático, podemos seguir dilapidando un bien escaso; regando a manta después de un día de lluvia, sin modernizar ni acequias, ni bancales; regando parques y jardines a plena luz del sol, o las calles a manguerazo limpio. Y todo eso lo he visto yo, que no me lo tiene que contar nadie. Es muy bonito lo de militar en el ecologismo de sofá, pero hay que hacer más pedagogía y empezar a modernizarse de una vez.

Este es un verano que se presume extremadamente seco, volveremos a batir records de calor y de incendios; nos debemos a nosotros y le debemos a nuestro medio, nuestros montes y nuestros ríos, el ser cuando menos consecuentes con el tiempo que nos toca vivir. Extrememos el cuidado, las precauciones y seamos escrupulosos en el respeto al medio en el que vivimos.


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