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Gonzalo Villa
Miércoles, 16 de Agosto de 2017 00:00

La dama de leches

Sabido es que la repatriación de la Dama de Elche, se hizo aprovechando el estado vulnerable de Francia en la segunda guerra mundial, invadida por los nazis. Y que tenían miedo de que los españoles se apoderaran de plazas francesas en el norte de África, por aquello de que Rommel contribuyera a ello, a cambio de la lealtad entre dictadores.

Sabido es que metidos en guerras, no faltan mentes descabezadas que lo rompen todo, y que si alguien se lo llevó, lo conservó y preservó, y lo puso en un museo público, no sólo merece una compensación, sino un reconocimiento.
¿Objetos de artesanía, orfebrería, platería, carpintería? Enseñen a hacer réplicas, lo que impulsará la creación de más arte y sobresaliente. Fotografíen, documenten, digitalicen, que se haga imposible que desaparezcan, por mucho que se instalen gentes que sentencian su destrucción. Que florezcan talleres que creen tales obras que dejen las del pasado en reliquias venerables.

Cosas que disfrutan lejos del público en general, en soledad, hasta en el baño. ¿Se imaginan goces reduciendo a cenizas obras que requirieron largos años de sabiduría y trabajo? Pues los hay.

Y por favor, no esgriman que ser demócrata es someterse a las sentencias de juezas. Ser demócrata es ser capaz de crear y divulgar un ordenamiento jurídico, un marco de convivencia, que erradique el despotismo, el aquí mando yo, y se hace lo que yo digo, porque tengo el nombramiento, o los ovarios, no porque puedan erradicar el robo y garantizar la justa contraprestación. Porque es más que sabido, que eso es el sustrato de la tiranía, y la barbarie.

Mi amigo Willie-Jay solía hablar de eso; decía que todos los crímenes podían considerarse como «variantes del robo». Truman Capote, A sangre fría.

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