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José Luis Pueyo
Miércoles, 16 de Agosto de 2017 00:00

Caerse del guindo

Mi amiga Vania, Búlgara ella, me pidió consejo a primeros del mes de julio. Me dijo que le habían ofrecido trabajo de camarera-chicaparatodo en un restaurante de un pueblo leonés, y me mandó el contrato que el jefe le había dado a firmar, para ver si me parecía correcto. El contrato no parecía tener nada raro, jornada de 40 horas semanales, un día de descanso a la semana, y sueldo según convenio. Como yo no entiendo de estos asuntos, se lo enseñé a una amiga que si es experta en el tema, y dijo que era el típico contrato para estos casos. Hasta ahí todo normal. El problema radicaba en que Vania no sabía si firmar o no porque el jefe le había dicho que iba a tener que trabajar muchas horas todos los días, y no tendría descanso. Mi amiga le preguntó que a cuanto pagaba las horas extras, y el tipo le contestó con una media sonrisa que no se pagaban las horas extras... Decidió firmar, al fin, porque era eso o tener que volverse a su país ante la falta de dinero. Le habían dicho unos conocidos que si no cogía ella el trabajo, encontraría a otro extranjero dispuesto a rebajarse. Los locales hacía tiempo que habían renunciado a trabajar con él, no aceptaban ser esclavos de ese paisano.

Vania me iba informando rutinariamente de sus interminables jornadas de intenso trabajo que la dejaban exhausta, mientras yo escuchaba en las noticias como Luis de Guindos presumía de unos “flamantes” datos de la disminución del paro. Al finalizar el mes, el jefe le pagó su primer sueldo a Vania, y en ese mismo instante ella le dijo que se marchaba. Le había pagado exactamente lo que prometía el contrato, sueldo según convenio para una jornada de 40 horas semanales, es decir, una miseria. Así que después de haber hecho jornadas de un mínimo de 13 horas diarias sin descansar ni un solo día, Vania sintió que no podía seguir allí ni un día más, y decidió largarse. ¿Cuánta gente trabajando en este país podría contar historias parecidas a la de Vania?

Cuando Luis de Guindos se llena la boca contándonos a los españoles lo bien que le está yendo al país, sólo hay dos posibilidades: o es un completo ignorante y no tiene ni idea de la realidad que sufre una gran parte de la ciudadanía, o bien es un cínico que se piensa que nos acabamos de caer de un guindo y nos puede colar la patraña esa de las magníficas cifras del paro. En cualquiera de las dos situaciones, el asunto es bastante grave: bien por ignorancia, bien por maldad, ese tipo debería desaparecer de la escena política, y con él todos los que le secundan. Pero bueno, que esto es sólo una opinión, que igual hay mucha gente que opina que lo que digo son memeces y que realmente en nuestro país los contratos laborales que se han estado firmando en los últimos años son extraordinarios garantizando un futuro digno, y las condiciones laborales de los que los firman son modélicas. Vete tú a saber...



 

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