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Alberto González

Bonito final

Lo que os quiero contar en esta ocasión, tiene el único objetivo de hacer reflexionar a todos aunque solo sea un minuto, y que pensemos si vamos por el camino correcto.

El pasado fin de semana estaba hablando con un amigo en un bar de Alcañiz, cuando escuche la conversación de una pareja que estaba a nuestro lado y poco a poco fui quedando en shock.

Hablaban  de su gato, contaban como les ha acompañado cuando estaban enfermos, les hacía carantoñas cuando estaban durmiendo, siempre estaba atento a lo que la pareja hacía, atento a cada movimiento, se alegraba cuando ambos llegaban a casa, y aunque el pobre animal hubiese pasado un mal día, siempre tenía una cara de complicidad con sus “dueños”.

El caso es que el gato, ya mayor, maullaba de noche, victima quizás del miedo al final, ya no hacia sus necesidades en su caja, lo que ocasionaba un trabajo extra a la pareja, cuando estos se acercaban, quizás porque el animal ya no les reconocía, era un poco arisco, y por eso decidieron que los últimos días de su vida los iba a pasar en un centro de animales ancianos, donde esperaría su día, rodeado de más animales como él.

Yo pensé, que cabrones, con perdón del improperio, pero era lo que me vino a la cabeza.

¿No pensáis que ese pobre animal merece un final más digno?

Pues la verdad es que no existe dicho gato, sustituyamos al gato, por cada uno de nuestros abuelos y abuelas, que ciertamente nos han cuidado durante toda su vida, nos han dado caprichos a espaldas de nuestros padres, han sido nuestros cómplices y confidentes, nos han cuidado cuando estábamos enfermos, llamaban para preguntar como habíamos pasado el viaje… y así cientos y cientos de gestos que jamás agradecemos lo suficiente, o quizás sí que agradecemos, pero a nuestra manera.

Cuando son mayores, y molestan, los llevamos a una residencia de personas mayores, donde nos auto complacemos pensando que están con más ancianos, y que se lo pasará bien.

Al principio lo vamos a ver dos veces por semana, más tarde una y al final un par de veces al mes, y si tenemos tiempo.

En la residencia, mientras están bien, pasean, hablan con los demás “huéspedes”, incluso juegan a las cartas… ¿pero si no están bien?

Pues los atamos a la cama y les damos una pastillita, y si sigue siendo pesado, dos.
Así, hasta que un día cualquiera te llaman y te dicen que tu familiar ha fallecido, y entonces sí que ya no hay marcha atrás, cualquier lamento, llega tarde.

Vivamos con nuestros allegados cada momento como si fuese el ultimo, eso nos ayudará a aprovechar cada minuto de nuestras vidas, no perdáis el tiempo en temas vánales, vivamos el “ahora”, no el “hoy”, porque quizás el “después” sea tarde.




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