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José Luis Pueyo
Miércoles, 23 de Agosto de 2017 00:00

Tortilla de patatas

¿Cómo se puede identificar a un terrorista antes de que se decida a actuar? Yo no lo sé, hago la pregunta por si hay alguien capaz de dar una respuesta fiable. No hemos dejado de escuchar estos días después del atentado de Barcelona, que los terroristas eran chavales normales, integrados en la vida de la comunidad, que hacían las mismas cosas que el resto de chavales. Y un día, sin que nadie lo pueda esperar ni entender, deciden asesinar indiscriminadamente a todo aquel que pillen por delante. Hay especialistas (psicólogos, etc.) que se aventuran a elaborar algunas hipótesis, bastante coherentes por lo general, pero que dejan en el aire el cómo identificar ese instante en el que el cerebro de un ser humano cambia y decide perder la humanidad. Y así resulta imposible saber si ese vecino tan majo que hasta ayer parecía normal, mañana puede convertirse en la peor de las bestias.

Es perfectamente lógico que las personas queramos defender nuestras ideas, incluso a veces con mucha vehemencia, pero siempre sin llegar a intentar imponerlas por la fuerza. Sin ir más lejos, los catalanes independentistas (dejando a un lado que a mi las luchas nacionalistas en casos como el de Cataluña me parecen una tremenda estupidez) son un buen ejemplo de cómo se puede llevar hasta el límite la defensa de unas ideas, sin recurrir en ningún momento a la violencia. Pero si no tenemos mala memoria, esta no fue la situación que se dio en el País Vasco. ¿Cuál es la diferencia entre un musulmán que se lanza con una furgoneta en mitad de las Ramblas, con un vasco que pone una bomba en el Hipercor? Yo no la veo.

Recuerdo una apacible tarde de verano, en la que un grupo de amigos haciendo una ruta ciclista llegamos a Mondragón. Teníamos hambre y sed después del esfuerzo y entramos en el primer bar que encontramos, que resultó ser una herrikotaberna. A pesar de que en el mostrador se veía una buena muestra de suculentas tapas, a alguno se nos antojó pedir un pincho de tortilla de patata. El tabernero, muy amable, nos dijo que no tenía. Ante la cara de sorpresa de alguno de nosotros, el tabernero apuntó “no tenemos porque la tortilla de patata es la tortilla española”. Podo después nos enteramos de que en los bajos de esa herrikotaberna estaba el zulo de Ortega Lara...

¿Cuál es el musulmán “bueno” y cuál el “malo”? ¿Debemos encolerizarnos contra todo aquel que crea en Alá? ¿Los echamos a todos por si acaso? ¿Como se podía distinguir a un vasco “bueno” de uno “malo”? ¿El que no quería vender tortilla de patata hubiera sido capaz de matar, o sólo callaba ante la barbarie de los etarras? ¿Cómo se podían distinguir, por el flequillo a tazón quizás?... Vuelvo a la primera pregunta, ¿alguien sabe cómo distinguirlos? Mientras no tenga una respuesta aceptable, seguiré pensando, por mi salud mental, que los musulmanes que se crucen en mi camino, son buenas personas.

 

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