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Lola Llandrés
Lunes, 28 de Agosto de 2017 00:00

Disquisiciones lingüísticas

Lo realmente bochornoso ha sido no ver ningún cartel contra el Daesh, porque han sido ellos los que reivindicaron el magnicidio, como cuando se veían los de «Eta no», en nuestras otras manifestaciones no menos tristes que ésta, pero sí contra el rey.

Lo paradójico ha sido acusarle de vender armas como excusa para ridiculizarle delante del mundo cuando a ellos les da igual que lo haga Qatar mientras les subvencione a su Barsa, ¡serán hipócritas!. Lo de la venta de armas requiere de una mayor complejidad para su resolución, pues hay muchos más países implicados, empresas e intereses.

Lo triste, cuando los asesinatos se vienen cometiendo con furgonetas y coches alquilados o robados mediante asesinato de sus propietarios y también con cuchillos y navajas comprados en el Lidl o con bombonas de butano acumuladas a cascoporro sin precaución, ni órden ni concierto, (menos mal que aquí nos echó un afortunado cable la Selección Natural de Gilipollas y se llevó a unos cuantos asesinos por delante antes de que pudieran utilizarse para cometer una barbarie mucho más brutal).

Lo previsible era que Pablo Iglesias saliera con el cuento de que los cartelitos eran «libertad de expresión» cuando él mismo no deja cantearse a ninguno que le bufe o le tosa, aunque se llame Errejón, cinismo puro, vamos.

El minuto de gloria que estos lumbreras del separatismo  querían conseguir ante el mundo les ha estallado en la cara sin necesitar bombonas de butano, simplemente porque la anteriormente mencionada «Selección Natural  de Gilipollas» se ha vuelto a poner de nuestro lado haciendo bien su trabajo y dejándolos en ridículo.

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