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Alcañiz. Reinas, rock de pueblo y recuerdos de Ramón Mur. VÍDEO
Domingo, 03 de Septiembre de 2017 00:00

Las Reinas de las próximas fiestas de Alcañiz se dieron a conocer la noche del pasado sábado en la plaza de España. El contraste con la tradicional formalidad de la gala se ubicó en la Lonja: el grupo de “rock de pueblo” Azero actuó conjuntamente con el coro y la banda de la Unión Musical Nuestra Señora de los Pueyos.

Se lucieron gigantes y cabezudos al ritmo de la jota que bailó la Asociación Folklórica Malandía para introducir el encendido de luces de la plaza.

Ramón Mur, el pregonero de las fiestas, narró, sin poder contener el llanto de emoción, sus recuerdos y vivencias durante los casi cincuenta años que lleva residiendo en el Bajo Aragón.

Provocaron las risas recuerdos como sus viajes en el autobús de Zaragoza a Alcañiz, siendo cura. Siempre que el conductor Manuel Peralta llegaba a Híjar, contó Ramón, “acercaba el coche hasta el borde mismo del precipicio y allí frenaba en seco para girar a tope el volante. Sin inmutarse, Manuel miraba por el rabillo del ojo a las mujeres de los primeros asientos que le mascullaban en el cogote plegarias a San Rafael, patrón  de los viajeros y al de los conductores, San Cristóbal”.

El pregón de Ramón Mur:

"ALCAÑIZANOS, ALCAÑIZANAS, BUENAS NOCHES A TODOS.

REINAS DE LAS ASOCIACIONES Y DAMAS DE HONOR de las Fiestas patronales de la ciudad de Alcañiz en honor de la Virgen de Pueyos y del Santo Ángel Custodio. Excelentísimo Señor Alcalde y concejales del Ayuntamiento de Alcañiz, representantes institucionales, AUTORIDADES TODAS, vecinos y visitantes, ALCAÑIZANOS TODOS.

Es para mi un honor ser el pregonero de las fiestas alcañizanas 2017 y antes de empezar quiero agradecer al alcalde, a la comisión de festejos y a todos los grupos integrantes de la corporación municipal que me hayan elegido para hablar hoy y aquí, desde este estrado.

Jo baixo de Bellmunt, población de la parte alta del valle del Mezquín. Pero tengo claro, como lo tenían nuestros antepasados, que Alcañiz es el centro de la comarca y que los pueblos necesitan de Alcañiz. Así lo entendieron los regeneracionistas del primer tercio del siglo XX.

Fui alcañizano ya en mi infancia, aunque de paso. Pero como alcañizano  de verdad, el año próximo 2018 cumpliré 50 años, igual que la Asociación Aragonesa El Cachirulo Teresa Salvo.

Hasta 1968, Alcañiz era para mí el punto de llegada o de partida en autobús, en el coche de línea Zaragoza-Alcañiz, Alcañiz-Zaragoza. Durante muchos años, los conductores fueron Manuel Peralta padre y Manuel Peralta hijo, ambos ya fallecidos. Al pasar por el muro de Híjar, Peralta acercaba el coche hasta el borde mismo del precipicio y allí frenaba en seco para girar a tope el volante. Sin inmutarse, Manuel miraba por el rabillo del ojo a las mujeres de los primeros asientos que le mascullaban en el cogote plegarias a San Rafael, patrón  de los viajeros y al de los conductores, San Cristóbal. Terminada la oración en voz alta, alguna señora exquisita le decía con toda educación: “por favor, tenga usted cuidado”. “¿Qué cree usted que estoy haciendo?, preguntó el chofer en cierta ocasión, aunque las más de las veces tragaba saliva y se callaba.

De cobrador actuaba José Bosque, natural de Valdealgorga. Cierto día subió en Híjar un ventero que iba al Regallo y hablaba dos idiomas: el castellano y a gritos; en todas sus conversaciones intercambiaba el estribillo de “mecagüen la estral” con el de “mecagüen el cura”. Aquel día, José Bosque, hizo levantar a los pasajeros de los transportines del pasillo central para acercarse al ventero y decirle en un schiss…: “Calla ya, ¿no ves que allí delante está sentado mosén Ramón?” El ventero aún contestó: “Ah, mecagüen la estral, pues no li visto”.

Otro cobrador de feliz memoria era Juan Guerrero, apodado ‘el operador’ porque cuando los chavales nos arracimábamos en su entorno, gritaba: “apartaos que no me dejáis operar”. Juanico era menudo de estatura pero iba siempre muy tieso y con el lapicero encima de la oreja izquierda. Las mujeres decían de él que “gasta un geniecillo que ya, ya”. Juan Llegaba a la estación de pie sobre el estribo de la puerta trasera entreabierta para ser el primero en saltar a tierra. “Pareces un escolta del generalísimo”, le decían algunos de sus compañeros en un tono de chanza que le gustaba bien poco.  

En los dos primeros años de aquellos oscuros 50, todavía de postguerra, no existía la terminal de Barajas. La estación de autobuses estaba en el Corcho. A ella llegó en 1947 Desideri Lombarte desde el Mas d’Eixendri de Penarroja para ingresar en el internado del Colegio San Valero de los Escolapios. Desideri Lombarte es el ejemplo perfecto de cómo un bajoaragonés, en su caso del Matarranya, puede convertirse en alcañizano sin haber nacido aquí. “Un zagal de diez años mal cumplidos –escribió poco antes de morir- vio por primera vez la vega verde y las frondosas alamedas junto al río, contrastando con los resecos cerros de los alrededores y el imponente castillo dominando el extenso caserío”. Parece una loa a Alcañiz muy del estilo de la que el humanista Juan Sobrarias escribió en 1506. En otro momento de su libreto ‘A ti no te conozco’, Lombarte precisó: “A menudo vuelvo a Alcañiz y cada vez la encuentro más joven. Para ella no pasan los años; para mí sí … Descubrí la belleza y armonía de la plaza Mayor de Alcañiz –don Leandro [ se refería  a Leandro Palomar, inolvidable profesor en los Escolapios de la época], [don Leandro] también estaba enamorado de esa plaza- y [descubrí] el encanto del río Guadalope visto desde el castillo, abrazando el caserío. ¡Bendita ciudad de Alcañiz cuánto me has hecho soñar!”

Desideri mostró ciertos retazos de la vida de los alcañizanos en aquellos años del racionamiento: “Algún domingo nos llevaba el padre Valencia al fútbol, sobre todo cuando los partidos se jugaban en el camper, que estaba por debajo del muro de Santiago, junto al río. Una tarde nos situamos los internos en la banda del campo, presenciando el partido junto a un grupo de mujeres que, a grandes gritos, animaban al equipo de Alcañiz. Un jugador, ya mayor, alto y fornido, llamado Broch, que jugaba de extremo o tal vez de interior, recogía la pelota en el medio campo y se daba largas galopadas por la banda, driblando a todo defensa contrario que se le oponía. Aquellas mujeres se entusiasmaban con las carreras del tal Broch y, fanáticas, gritaban: “¡Esos cojones, Broch!, ¡esa leche! ¡Qué temperamento el de aquellas mujeres! El padre [Valencia] nos retiró de allí prudentemente y se acabó el espectáculo”.  

Estoy a punto de cumplir 50 años como alcañizano mucho más que de adopción, igual que ‘El Cachirulo’ cuya fecha natal está datada el 13 de septiembre de 1968, día en que se rindió homenaje a la bailadora de jota Teresa Salvo, ‘la Boyera’. Demetrio Galán Bergua, jotero mayor de Aragón, médico durante gran parte de su vida en el barrio de las Delicias de Zaragoza, trajo a Alcañiz un apéndice de la sociedad ‘El Cachirulo’ que ya había creado en la capital. Puso al frente de los cachiruleros alcañizanos a Carlos Susinos Coiduras, otro médico de familia muy conocido y apreciado en la ciudad. En aquel mismo año de 1968 se inauguró el monumento al tambor, situado sobre un cabezo frente a la Estanca y al lado de la carretera de Zaragoza. También ese año se inauguró el Parador de Turismo en el antiguo castillo-convento-cuartel de la Orden Militar de Calatrava.

La década de los años setenta fue la constituyente para la peña ‘El Cachirulo’ de Alcañiz, de la mano de Ricardo Gómez Jarque, que tocaba la guitarra y cantaba la jota en el grupo que la naciente asociación compartía con los escolapios. Los cachiruleros tuvieron una participación decisiva en la exaltación de las fiestas patronales de Alcañiz. Más de 800 niños llegó a movilizar El Cachirulo que así recibió el titulo popularizado de “guardería” de fiestas. Esta iniciativa cachirulera con los niños había tenido antecedentes en décadas anteriores cuando algunos movimientos vecinales sacaron cabezudos para los críos, como los que guardaba el tio Pica en la trastienda de su barbería de la calle Mayor. Pica era ‘pequeñer’ y al momento de rasurar barbados alcañizanos de 15 días, lo primero que hacía era preguntar al cliente cómo quería que consiguiera la tersura de la piel de sus carrillos: si metiéndole un dedo en la boca o una nuez.

Entre los cabezudos de Pica había uno que tenía una sola cabeza pero con dos caras contrapuestas, por lo que era preciso mirar a los pies del testarudo de cartón para saber la dirección en que se movía. Muy popular fue ‘El Morico’ al que los zagales cantaban: “La abuela se cagó/ y ‘El Morico’ la limpió; /  con una vela encendida,/ el culo le quemó”.

En 1976 apareció un libro de título impactante: ‘El Bajo Aragón expoliado’.  Más de veinte años después, recuerdo haber comentado con el senador y concejal, Rufino Foz del Cacho, la enorme repercusión de aquella publicación. En realidad se trataba de un informe sobre la situación social, laboral y productiva principalmente, de la comarca en cuya elaboración participaron más de 600 personas de esta tierra bajo la dirección del sociólogo Mario Gaviria y que había sido encargado por el colectivo DEIBA (Defensa de los intereses del Bajo Aragón). A las reivindicaciones del DEIBA ante el Instituto Nacional de Industria (INI) se sumó ‘El Cachirulo’ de aquellos años con carrozas en contra de la Térmica de Andorra y los proyectos de centrales nucleares en Sástago y Escatrón.  Aunque la más recordada por las alcañizanos fue la de 1980 que reproducía la fuente histórica de los 72 caños.

Mi vinculación con el Bajo Aragón en general y con Alcañiz en particular ha sido, además de personal, profesional. Yo siempre he sido de los periodistas que piensan que todo en esta vida es noticia, absolutamente todo, porque la vida misma es noticia. Esta tesis es, a mi modo de ver, el mejor sustento de la auténtica libertad de expresión así como el mayor antídoto contra la manipulación de los medios de comunicación social o de masas.

Noticia es todo lo que todos publican sobre el terrorismo, la corrupción, la situación social y política nacional e internacional o sobre los conflictos territoriales de España. Pero noticia es también que un zorro entre en el casco urbano de un pueblo a matar gatos; que una cabra montesa aparezca herida a las puertas de un villorrio; que cambien una campana centenaria del pueblo por otra más moderna; que el reloj de la torre atrase todos los días media hora; que Alcañiz tenga, al fin, nueva estación de autobuses; que se construya, también por fin, el nuevo hospital comarcal; que entren nuevas empresas en el parque tecnológico de Motorland; que los vecinos de los pueblos del Bergantes digan que el río no se toca; que la comarca sigue perdiendo población; que el grupo musical ‘Azero’ del ‘lloc’ de la Codonyera actúa hoy, junto al grupo Malandía y la Unión Musical Nuestra Señora de los Pueyos, en la presentación de las reinas de las asociaciones y damas de honor de las fiestas; que todas las iglesias de los pueblos están permanentemente cerradas al turismo salvo, por cierto, las de Alcañiz; que las interminables obras de la carretera N232 se acabarán antes de fin de año [si no se vuelven a parar como tantas veces ha ocurrido en los últimos cinco lustros]… etcétera, etcétera y etcétera. Todos estos acontecimientos también son noticia, al menos son nuestras noticias. Hasta puede ser noticia -¿por qué no?- que una niña de seis años, nacida en Buenos Aires, haya dicho este verano en un pueblo del Bajo Aragón que “estoy pasando el mejor día de mi vida”.

Es mentira que los periodistas queramos siempre reflejar la cara más amarga de la existencia humana y que para todo busquemos culpables. A un buen profesional le llama la noticia pura y dura. Todo tiene una causa y el error o el delito un culpable, por supuesto. Pero lo que a mí me interesa es informar del estado en que se encuentra el Casco Antiguo que por alguna causa estará así y algún culpable tendrá. Yo, sin embargo, a lo único que aspiro como periodista es a dar noticia del estado en que se encuentra y, en todo caso, a hacerme portavoz de los vecinos del barrio. No hay nada más incómodo, unas veces para los de aquí, otras para los de allá, que una buena y correcta información. Una sociedad progresa con buenos medios de comunicación, pero retrocede en su desarrollo cuando carece de ellos.

El nacimiento y la consolidación de distintos medios de comunicación en cualquiera de los formatos posibles, es lo mejor que les ha pasado a Alcañiz y al llamado Bajo Aragón histórico durante el último medio siglo. En mis años de periodista bajoaragonés en activo, trabajé en La COMARCA con Esther Estevan Sauras, Javier Vilchez y Jesús Lasala o Carles Terés. Contamos también temporalmente con Carmen Secanella y Pilar Estevan Serrano que de aquí saltaron como destacadas profesionales en el mundo de la información gráfica, audiovisual o escrita.  Otros inolvidables colaboradores de apoyo constante fueron Miguel Caballú, Santiago Lorén, Darío Vidal, José Ignacio Micolau y los ya fallecidos, el cura Edilio Mosteo y el arquitecto Miguel Ángel Laguéns.  “La mejor prueba de la independencia e imparcialidad de La COMARCA es que un mes se dice que es del PP, otro del PSOE y al siguiente del PAR”, afirmó el alcalde  José María Pascual el 1 de junio de 1995 en el Granero Almudí de El Cachirulo, con ocasión de la presentación del número 200 del periódico que volvía, entonces,  a ser semanal.

Aquellos casi veinte meses de La COMARCA viví con tanta intensidad en Alcañiz que, a veces, las sensaciones personales se reflejaban en el periódico, algo que no es conveniente hacer. Por ejemplo, en un artículo agradecí a los veteranos guardias municipales, como Rufino Capilla,  su tolerancia frente a la intransigencia de los agentes de nueva generación a los que llamé “jovenzuelos con cara de embolsadores de melocotón tardío”. Y alguno se mosqueó, aunque embolsar melocotones creo yo que es labor bien digna y no mal remunerada.

El último día, antes de la salida de un nuevo número, estábamos en la redacción hasta altas horas de la madrugada y la Vicentina me guardaba una  habitación en el Guadalope, que también en 2018 conmemorará los 50 años de su apertura. Reventado como llegaba, me recibía el vigilante nocturno del hotel, Antonio Ramírez Martínez, alias ‘El pistolas’, tocado con sombrero del Farr West y que se encendía la pipa en que fumaba con un revolver, aunque Antonio solo lo desenfundaba para dar lumbre al tabaco. El primer ejemplar de La COMARCA se lo pasaba al histórico periodista alcañizano Mariano Romance que hacía un repaso de inspección y siempre decía: “Está bien, pero pronto haré yo otro periódico mejor”.

A partir de entonces, me hice más alcañizano que nunca y pronto fui asiduo del ‘almuerzismo’, un movimiento social de Alcañiz y comarca, quizá bastante machista, aunque ahora ya lo frecuentan muchas alcañizanas y mujeres de la contornada. Yo almuerzo, al menos una vez al año, en la Cofradía laica de la dehesa del Pradillo donde en la mañana del Jueves Santo, el día del amor fraterno, entre charradeta y charradeta sobre lo divino y lo humano de Alcañiz, comarca e incluso provincia, me arreo uno o dos huevos de corral con todas las glorias de María Santísima como son el jamón D.O., la panceta, morcilla, chorizo y longaniza a la brasa, igual que el ternasco, …Total, que los cofrades convocados por el prior, Emilio Sánchez, quedamos  alimentados no sólo para el resto del día de la Última Cena sino para los veinte siguientes. Desgraciadamente, el próximo Jueves Santo tendremos que lamentar la ausencia de Enrique Clavero.

Tan de Alcañiz soy que fue mi tío abuelo, hermano de mi abuela paterna, Carlos Estevan Membrado y no el arqueólogo Juan Cabré, quien descubrió las pinturas rupestres de la Val del  Charco del Agua Amarga.

Todos los bajoaragoneses somos alcañizanos porque Alcañiz con su extenso término de 472 km2 se acerca por los cuatro puntos cardinales a todas las poblaciones que lo rodean. En los últimos años, Alcañiz ha consolidado su papel de ciudad de servicios, sin abandonar la agricultura que la ha relacionado históricamente, más que ninguna otra actividad, con los pueblos del contorno. Aquí laboran tierras propietarios o arrendatarios de Albalate, Andorra, Alcorisa, Calanda, Híjar, Castelserás, Torrecilla, Valjunquera, Valdealgorfa o Caspe. En la agricultura, gracias al incremento de las hectáreas de regadío, sigue estando una parte importante de la riqueza de esta tierra. La modernización de las explotaciones agrícolas del Bajo Aragón, la mecanización de las tareas del campo, también tienen su cabecera en Alcañiz. Allá por los  años sesenta del siglo pasado se arrancaron miles de olivos pero hoy se ha vuelto a descubrir que en el olivar está nuestro oro líquido, el aceite de oliva virgen extra de primera calidad.

La Semana Santa alcañizana ocupa un capítulo especial entre mis vivencias bajoaragonesas. Los primeros tambores suenan en la noche del miércoles de Ceniza y recuerdo a la actriz Nuria Espert, en el Teatro Municipal, interrumpiendo la función para escuchar con respeto el redoblar de los tambores de Alcañiz. No es verdad que Alcañiz sea la única población de la ruta en que no se rompe la hora. Riadas de tamborileros surgen por todas las calles a primera hora de la tarde del Viernes Santo para desembocar en la procesión del Pregón. Así se rompe a tocar el tambor en Alcañiz, entunicado de azul celeste, corbata de luto anudada a la camisa blanca.

Así es Alcañiz, singular en todo, capital del Bajo Aragón. Eduardo Jesús Taboada en su ‘Mesa revuelta’ de 1898 le dedicó por escrito este piropo a Alcañiz: “Quien no te ama es que no te conoce”.


VIVA LAS FIESTAS DE LA VIRGEN DE PUEYOS Y DEL SANTO ÁNGEL CUSTODIO, VIVA ALCAÑIZ Y VIVA EL BAJO ARAGÓN. FELICES FIESTAS A TODOS".

 

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