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Marta Prades

Duros a cuatro pesetas

Si se cumplen, por una vez, los pronósticos, esta semana los bajoaragoneses tendremos motivos más que sobrados para estar contentos. Supongo que si el Gobierno de Aragón ha anunciado en su cuenta de Twitter la visita del presidente Javier Lambán a Alcañiz para proceder a la colocación de la primera piedra del nuevo hospital de Alcañiz, será porque la cuenta del pajarito tiene más fiabilidad que los titulares a los que nos tiene acostumbradas el Consejero de Sanidad a lo largo de esta legislatura, en los que nos anuncia plazos para luego incumplirlos.

Disfrutemos de las buenas noticias, pero no bajemos la guardia. En el último pleno celebrado en las Cortes de Aragón pudimos escuchar al señor Celaya justificar el retraso de la firma del inicio de obras con la excusa de que se estaba negociando con la empresa una bajada en el precio de adjudicación.

Haciendo un repaso histórico a la trayectoria económica de esta infraestructura sanitaria, comprobamos que cuando el Gobierno de Marcelino Iglesias -con sus socios del PAR- anunció estas obras en marzo de 2011, la construcción de este centro costaba a las aragonesas y aragoneses ochenta y tres millones de euros. Posteriormente, con el cambio de legislatura y de Gobierno, la excusa de la dichosa crisis fue campo abonado para aplicación de políticas neoliberales, privatización de servicios y expolio de la sanidad pública. Fue Luisa Fernanda Rudi -y el PAR-  la que, siguiendo las políticas privatizadoras llevadas a cabo en Madrid por su homóloga Esperanza Aguirre, cambió el modelo de financiación pública al de financiación y gestión público-privada. Esta decisión hipotecó la salud de los bajoaragoneses hasta el año  2042 y disparó los costes de la obra, presupuestada en ese momento en 96 millones de euros, hasta los 561 millones de euros, tras veinte años de financiación y gestión privada, y que aún puede ascender a los 620 millones de euros de coste total.

Si este baile de cifras fuese insuficiente, el coste de la obra en la actual legislatura salió a licitación por 66 millones de euros y su adjudicación se ha realizado por 57 millones de euros, rozando la baja temeraria. Y todavía nos anuncia el señor Celaya que se estaba negociando bajar esta cifra.

Recapitulemos. Si en 2011 la obra costaba 83 millones, y seis años más tarde cuesta 57, o quizás menos, algo falla y dudo que sean los beneficios de la empresa.

El viernes nos alegraremos por el inicio de las obras, como no puede ser de otra manera, pero no bajamos la guardia y seguiremos peleando para que esa obra se haga en las mejores condiciones, que cumpla con todas las medidas de seguridad una vez concluida la obra, que asegure condiciones laborales dignas para los trabajadores empleados en su construcción y, lo que también es importante -porque es lamentablemente más habitual de lo que nos gustaría-, que no tengamos que rescatar a OHL&Dragados porque no le salen las cuentas.

La sabiduría popular, es eso, sabia. Y es que nadie da duros a cuatro pesetas.

 

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