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José Luis Pueyo
Viernes, 06 de Octubre de 2017 00:00

Manipulaciones y sentimientos

Mi amiga Toñi me envió el domingo una foto suya esbozando felicidad mientras metía su papeleta en una urna. Supongo que votó que No, o en blanco. Como tantos miles de catalanes, es hija de inmigrantes, su madre dejó Andalucía en busca de mejor suerte y Toñi nació en Cataluña. Toñi no es sospechosa de ser una peligrosa radical; es periodista en la Vanguardia en la sección de cultura, y es una madre ejemplar además de una persona dulce como la miel. Ella no es mas que un ejemplo de las decenas de miles de catalanes, más bien cientos de miles, que son personas normales y corrientes, sin ningún atisbo de violencia en sus venas, ni para nada amigos de radicalismo alguno. Pero decidieron que querían votar.

Olvidarse de los sentimientos es el mayor error político que ha podido cometer este gobierno. Al fin y al cabo, los seres humanos nos movemos por sentimientos. Una persona respeta las leyes hasta que se da cuenta de que su cumplimiento le resulta inadmisible emocionalmente. Juana Rivas, por citar un ejemplo cercano en el tiempo, no dudó en dar la espalda a todos los mandatos judiciales y arriesgarse a lo peor, que era perder a sus hijos, porque su necesidad de protegerlos estaba por encima de todo. Recordemos que Susana Díaz mostró públicamente su apoyo incondicional (léase en ABC, 4-9-2017), instando incluso a cambiar la ley.

Que un catalán que va a votar está yendo en contra de la ley, es un hecho objetivo, no es necesario repetirlo una y otra vez como si fuéramos todos unos necios. De lo que no he oído a casi nadie hablar, es de sentimientos (a José Martí Gómez es al primero que escuché hablar de ellos). Y es la clave del asunto. Todos los seres humanos somos manipulados desde el momento en el que nacemos. Nuestros padres, hermanos, familiares, amigos, vecinos, compatriotas.... irán modelando el adulto que un día llegamos a ser. No hay ningún gen que predisponga a ser judío ortodoxo, masón, del Opus, comunista... Como mucho hay genes que pueden determinar que seamos más o menos influenciables, sumisos, independientes... y aún en esos aspectos, la parte cultural también jugará su gran baza. Unos padres son los dos del Opus, y de sus cuatro hijos, uno les sale “díscolo” pero los otros 3 son del Opus ¿casualidad? Lo dudo. Los ejemplos se podrían llevar a cualquier ideología, creencia, etcétera. El libre albedrío que creemos tener todos, está absolutamente mediatizado por el lugar en el que el azar nos vio crecer.

Lluís Companys declaró la República Catalana el 6 de octubre del 34. Al día siguiente todo acabó con la entrada de las tropas en el parlamento catalán. Eso ocurrió hace 83 años. Aquellos sentimientos de aquellas personas que soñaban con una República Catalana, seguro que no eran tan solo de los políticos que vivieron aquellos episodios, sino que una gran parte de la sociedad catalana comulgaba con ese anhelo, y todo aquello ha ido pasando de generación en generación durante estos 83 años. Quizá aquellos políticos estuvieron manipulando a la sociedad de la época, quizá las generaciones subsiguientes han sido manipuladas una tras otra. Quizá ni siquiera el catalán sea la lengua que dicen ser y no sea más que un derivado del Lemosín. Quizá. Pero son sus sentimientos, que los llevan a flor de piel, el mismo tipo de sentimiento que puede reclamar un español que de pronto escucha “El gato montés” paseando por Ucrania y se le pone la piel de gallina (me pasó a mí este verano, sin ir más “lejos”).

Las emociones son irracionales, pero son las que mueven nuestros pasos por unos caminos y no por otros. Y mis emociones y sentimientos no tienen por qué ser más importantes que las de un catalán. Obviarlas y poner las leyes ciegamente por encima de ellas nos llevará a la aniquilación. El 7 de octubre del 34 pensaron que habían acabado por fin con el anhelo de unos cuantos catalanes. Menos de dos años después comenzó la guerra civil.

 

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