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Gonzalo Villa
Martes, 24 de Octubre de 2017 00:00

Profesionales

Esto eran un francés, un americano y un inglés, debatiendo sobre el robo que suponía el tratado de Versalles para los alemanes.

Y dice el francés: Me complace anunciar a todos ustedes que pondré en juego mi modesta influencia con el fin de promover determinados cambios profundos en la política...
Hubo un fuerte aplauso,
Hay algo que quisiera confesarles, claro que algunos de ustedes pensarán que contar intimidades en la mesa no es de muy buena educación. -Estas palabras provocaron una risotada en el resto de los invitados-.
Del mismo modo que es fundamental mostrarse agradecidos, formal y públicamente, de que hayamos alcanzado este sentimiento presente de solidaridad y buena voluntad,  también es fundamental, creo yo, condenar sin paliativos, a los que malintencionadamente intentan sembrar el descontento y suscitar todo tipo de equívocos. Esta clase de personas, además de resultar socialmente repugnantes, en la situación en que hoy nos encontramos son también muy peligrosas.

Y dice el americano: Me disculparán por lo que voy a decir, pero, a mi juicio, parecen ustedes una pandilla de ingenuos soñadores, rectos, bienintencionados, sí pero unos meros aficionados. ¿Tienen idea de cómo evoluciona el mundo que los rodea? Ya forman parte del pasado los días en que se podía ser bondadoso.

Y dice el inglés: El comportamiento que usted considera propio de «aficionados», nosotros lo consideramos atribuible a una cualidad llamada «honor». Esta intervención provocó en la sala un fuerte murmullo de complacencia, palabras de aprobación y algunos aplausos.
-Y lo que es más -prosiguió mi señor-, creo de hecho comprender lo que usted entiende por «profesionales». Por lo visto, es un término que significa abrirse camino con trampas y engaños, así como dar preferencia en nuestra escala de valores a la ambición y la codicia en perjuicio del ansia de ver reinar en el mundo la justicia y la bondad. Y si ser «profesional» implica todo eso, es una virtud que no me interesa lo más mínimo ni tengo deseos de alcanzar.

(Kazuo Ishiguro, premio nobel 2017, en "Los restos del día")

Luego los alemanes felones engañaron a los honorables ingleses y bombardearon Londres, pero otros ingleses volvieron a vencerles

 

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