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Alberto González

La vida moderna

Me levanto y lo tengo a mi lado, preparado y listo para utilizar, ya me he encargado de que así fuese, por la noche, desde que lo deje, antes de que sucumbiese a los deseos de Morfeo.

Me levanto y voy a la cocina, relleno el vaso de leche y lo meto en el microondas, en este momento del día, ya lo he tocado un par de veces.

Me bebo la leche y vuelvo a la cama, en realidad estando en el paro y desanimado por tantos años sin encontrar empleo, no veo otra cosa mejor que hacer, y vuelvo a tocarlo, mientras escucho de fondo la radio.

No sé si porque tardé anoche en dormirme o por el propio hastío que arrastro, pero vuelvo a caer en un sueño profundo.

Los rayos de sol se cuelan por la ventana cuando despierto, son las dos menos cuarto del mediodía y tras un tiempo de reposo en la cama, decido levantarme, y aventurarme a abrir la nevera para intentar encontrar algo apetecible que llevarme a la boca, eso sí, mientras estoy en la cama en “reposo” he consultado un par de veces las novedades, lo he vuelto a tocar.

Como, algo ligero, la verdad es que a las tres de la tarde, y tras una mañana tranquila como la que he tenido, el hambre no me aprieta.

En el transcurso de la comida lo toco, cada poco rato, sé que es una hora en la que la gente está más activa; entre “pitos y flautas” se me han hecho las cuatro de la tarde y comienza mi programa de televisión favorito.

Es un programa en el que la gente cuenta situaciones vividas, otros están allí para debatir con ellos entre gritos, diciéndoles que no es para tanto lo que cuentan.

Pobre gente, que vidas más duras tienen.

Me levanto del sofá cuando termina, son cerca de las 8 de la tarde y ya he visto a todos los sitios que han ido hoy mis amigos, yo, algo hambriento, me acerco a la cocina y me preparo la cena, en ese intervalo de tiempo ha podido ocurrir algo, así que vuelvo a tocarlo de nuevo, por si acaso.

En fin, tras cenar e ir al baño, donde lo vuelvo a consultar, me tiro largo en la cama, viendo un programa muy divertido de unos que pasan penurias en una isla, pobre gente, mientras, voy googleando un poco, no vaya a ser que me pierda algo importante.

Poco a poco, se acercan las 12 de la noche, y me empieza a vencer el sueño, así que decido apagar la tele y dejar el móvil en la mesilla, eso sí, cargando, para que esté listo mañana, no vaya a ser que me despierte y no pueda tocarlo.

Estoy nervioso, ¿qué aventuras me esperaran mañana?



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