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Raúl Vallés. "Chapurriau", ¿una lengua muerta?

Como es sabido, la Ley de Lenguas en Aragón –que yo denomino “Ley del catalán en Aragón”- supuso un gravísimo ataque contra el aragonés oriental (“chapurriau”), ya que viene a negar su propia existencia como tal y la denomina como catalán. Y esta fagocitación linguística se produce tras una supervivencia de cinco siglos. Pero, durante los últimos veinte años, nuestra lengua ancestral ha sufrido duros embates cuyo objetivo es acabar con la misma. La finalidad, más que las razones, tiene claras connotaciones políticas, territoriales y también económicas.
Pero esto es ya pasado y debemos partir del oscuro presente para evitar e impedir que esa ley espuria logre, a medio plazo, su inicuo objetivo. Es decir, la desaparición total de nuestra entrañable lengua aragonesa.
Viene esta reflexión a cuento para decir que quienes decidieron -teórica, e incluso técnicamente- la muerte por inanición, linguofagia, o poder político de una lengua que, con sus diversas modalidades, continúa existiendo durante tanto tiempo histórico, seguramente erraron en los medios o en las armas utilizadas.
El mayor mal sufrido por nuestra lengua han sido los gobernantes aragoneses que, durante más de cien años se han desentendido totalmente de una lengua tradicionalmente aragonesa, y han pecado gravemente por omisión al no “culturizarla”, es decir, dotarla de reglas gramaticales y sintácticas que hubieran proporcionado a la misma una base sólida de comunicación, no sólo oral sino también escrita.
Nuestra lengua no resucitará, como ave Fénix, porque no ha muerto ni jamás morirá… Apelo al tiempo y a la razón.

 

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