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EN MI MOLESTA OPINIÓN: Le Pen y los indignados
Ante la situación actual de crisis en Europa, que ha sido la cuna de la filosofía que domina gran parte del planeta, faltan los ideólogos. O quizás sobran, pues cada uno estamos siendo el filósofo del vecino. En realidad falta algo tan sencillo como que alguien canalice el sentido común, que es lo que deseamos la inmensa mayoría de la gente independientemente de las ideologías.
Como falta ese alguien, nos agrupamos por una necesidad de sentirnos acompañados en nuestra rebeldía. Estamos en contra de lo que hay más que a favor de un futuro que cada uno vemos distinto.
Los partidos tradicionales de toda Europa están perdiendo fuelle. Unos votantes se quedan en casa y otros buscan alternativas en otros partidos.
Así la extrema derecha está creciendo en toda Europa de forma alarmante. Porque la extrema derecha está sabiendo articular un discurso coherente y nítido para los descontentos frente a uno vago y repetitivo de la izquierda.
Los millones de votantes franceses que eligieron la candidatura de Le Pen en gran medida son trabajadores. Proceden del lugar de donde habitualmente se nutre la izquierda.
Esos millones de votantes trabajadores que han votado a Le Pen, son indignados que prefieren que esto explote a que continúe de la misma forma.
Falta la ideología, falta el liderazgo, faltan las propuestas, las soluciones. Hay demasiados discursos vacíos y el indignado se va allá donde pueda descargar su ira.
La extrema derecha la está creando, alimentando, desarrollando la clase política actual carente de un discurso político y basada en la descalificación personal.
Es necesaria una política de unidad nacional, no para luchar contra la extrema derecha, sino para encauzar a los indignados y que sus reivindicaciones llenas de sentido común encuentren un cauce antes de que tengamos que lamentarnos.
Que nadie olvide que Hitler llegó al poder democráticamente.
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