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José Antonio Calvo

Ya me pondré al día luego

Cuando me levanto por la mañana, tras atender al imperioso asunto del recambio de fluidos, me aseo y me desayuno con café, leche y magdalena tradicional, de horno de pan cocer. Vestido y calzado, me siento preparado para enfrentarme a un nuevo día de retos y situaciones que afrontar. El primero de ellos suele ser echar un vistazo en mi tablet a los titulares de las noticias del día, colgados en las cada vez mejores webs de información. Lo mismo hacía mi abuelo, pero dando vueltas al botón de sintonías de su radio de válvulas INVICTA, que aún conservo, solo que yo, en vez de escuchar el “buenos días queridos radioyentes” recibo al instante un vistoso collage multimedia a todo color. ¡Si mi abuelo levantase la cabeza!

Sospecho que, aparte del saludo, lo que manaba a primera hora por el receptor de mi abuelo debía de ser muy diferente a lo que yo puedo ver y oír cada mañana en mi sofisticado ingenio digital. De hecho, mi abuelo salía a la calle informado y satisfecho, deseando comprar el periódico para ahondar en alguno de los titulares radiados, mientras que yo salgo cabreado como una mona y sin ganas de oír ni saber nada más de corrupción, guerra, maltrato, revueltas y ruinas, en orden alfabético. ¿Qué ha pasado?

Quizás sucede que, en aquellos tiempos, podías elegir, ya que la información estaba más compartimentada. Por un lado estaba la prensa llamada “seria”. Por otro, los llamados  “ecos de sociedad”, la actual prensa rosa, que había nacido en el suplemento Blanco y Negro del ABC. Y por otro las noticias y los sucesos desagradables, que también los había, concentrados en El Caso, semanario de tirada nacional que aglutinaba todas las penas y desgracias que la sociedad de aquella época excretaba. Así se separaba el grano de la paja, lo amargo de lo dulce. Quien sentía atracción por el glamour de las vidas ajenas de los de la “jet”, se desayunaba con el Blanco y Negro. Quien lo sentía por el mondongo y la chacinería, a por El Caso, y a disfrutar de “Quién mató a Lupe (1955)”, “No era gas, sino veneno (1971), o “Las orgías del concejal de Robledo (1987)”. De hecho, éste último periódico, llamado “el diario de las porteras” llegó a vender más de cuatrocientos mil ejemplares semanales y  fue, una de las publicaciones más leídas de España, hasta su cierre en 1987.

Como era de esperar, la televisión primero y lo multimedia después, acabaron con todo esto y con ellos se acabó también el “prefiero lo dulce a lo salado”. Hoy día, da igual en qué medio, se nos sirven las noticias en una suerte de potaje agridulce, excesivamente especiado y pasado de grasas saturadas de horrores que se nos avinagra al instante y que, al parecer, nos acorta la vida. Política, economía, matanzas, violencia de género y un vídeo sexy de Madonna, todo en la misma butifarra, todo de un bocado. Uno no sabe a veces si está viendo el telediario, leyendo El Caso o viendo el club de la Comedia.

No es broma. Recientes estudios de longevidad y calidad de vida han demostrado que viven más aquellos que por la mañana leen solo la tira cómica del periódico. A mi me pasó hace unos días. Abro las noticias en ABC Neg. y entre lo más destacado, leo: “Niño de seis años expulsado del colegio por acoso sexual”. Por lo visto el alumno de una escuela de primaria de Colorado tuvo la ocurrencia de cantar a una niña de su clase, en la cola del desayuno, “I’m sexy ana I know hit” (Soy sexy, y lo sé), por lo que fue inmediatamente denunciado ¡a la policía! y expulsado durante tres días acusado de acoso. La cancioncita y el bailongo que la “adorna” en el video de LMFAO, desde luego no es lo más edificante para enseñar a un crío (donde esté la jota maña), pero ¡acoso sexual! Ya está: acidez de estómago, omeprazol al canto y mala uva a las 07,30 de la mañana. Acababa de perder 20’ de esperanza de vida, según los estudios.

Así que, consciente de que la mejor manera de perder salud y, ante todo, de estropear el sabor de mis magdalenas de Valjunquera, es darle al “on” de mi tablet y leer las noticias, he decidido que a partir de éste lunes, voy a desayunar en la terraza mirando el castillo y con el único sonido de fondo del piar de los gorriones. Ya me pondré al día luego.

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