| Cristina Andrés |
| Jueves, 12 de Julio de 2012 00:00 |
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La libertad Mi padre decía "la gente tiene que ser libre aunque no quiera". Yo siempre pensaba ¿quién no va a querer?. A menudo se confunde la libertad con que cada uno haga lo que le venga en gana y que si no se limitase sería caótico. Quienes tienen este concepto no son capaces de ver que la semilla de la libertad es la educación y la formación, o sí, y por eso no les tiembla la mano a la hora de recortar presupuestos. Que los gobiernos, y más los de derechas, quieran limitar la capacidad de decisión de las personas no es algo sorprendente, ¿por qué poner límites de velocidad en las carreteras? porque los conductores no son capaces de conducir con prudencia; ¿por qué poner unos horarios? porque los vecinos, por sí mismos, no entienden que a las 3 de la madrugada no son horas para poner música a toda pastilla; ¿por qué hay que tener un Código Penal? porque no sabemos respetar lo ajeno, ni las cosas ni a las personas; ¿por qué tanto gasto en "cuerpos de seguridad del Estado"? porque necesitamos que nos guarden de nosotros mismos. Muchas de estas cosas se harían innecesarias se desde pequeños, en las escuelas y en las familias, se aprendiera que hay que ser libres, pero que la libertad tiene una pareja inseparable, la responsabilidad. Hay otras formas de no querer ser libre (Erich Fromm, El miedo a la libertad) que hace que proliferen grupos donde uno piensa por todos los demás y, a cambio, se les da la sensación de aceptación, la oportunidad de medrar o de ser "como Dios manda". Grupos políticos, sectas religiosas, o clubs sociales, lo mismo da, en todos si haces lo que te dicen tendrás la sensación de pertenencia. Te dicen lo que tienes que hacer, decir y pensar y todo ese esfuerzo que te ahorras. Por si todas estas zancadillas no fueran suficientes, ahí estamos nosotros mismos para ir poniéndonos palos en las ruedas, para eso nos creamos tantas necesidades que no nos dejan margen para poder decidir. Hay necesidades que son incuestionables, pero la mayoría de ellas no sirven para otra cosa que hacernos unos desgraciados si no las tenemos y no nos dejan/dejamos ser libres. Necesitar, de verdad, necesitamos cuatro cosas, las demás si fuésemos capaces de no necesitarlas las disfrutaríamos mucho más. Las vacaciones, por ejemplo, cuántas veces hemos oído eso de "necesito irme de vacaciones", y ahora en tiempos de crisis, ¿cuántos no se sentirán unos desgraciados por no poder salir de casa? Si el planteamiento fuese, "necesito descansar" y si, además, me puedo ir a la playa, ¡qué bien! a disfrutarlo, otro pelo nos correría. Nos atan, nos atamos, a tantas cosas, que ahora, después de muchos años, la triste respuesta a mi pregunta de ¿quien no quiere ser libre? es, la mayoría. Quizás nunca llegue a entender como esa "mayoría" puede estar tan equivocada. |


