| José Antonio Calvo |
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¡Cada vez más impuestos, siempre más! Ésta semana en las consultas de mis pueblos, el tema de las “charraetas” con mis pacientes han sido monocorde: los recortes. No he dejado de recibir pésames por mi defenestrada extra de navidad y por mi segunda bajada de sueldo y no he dejado de darlos por la perpetuación de la congelación de las pensiones y por la subida del IVA, que en vida y muerte a todos nos va a afectar, pues hasta lo funerario va a subir una burrada, tema nada baladí en poblaciones tan maduras.
De entre todo lo que he tenido que oír, fruto de la indignación de la gente, quiero reproducir la breve conversación que mantuve con un paciente mayor que afirmaba que la sociedad actual ha vuelto al régimen feudal: -- “Doctor, no se engañe: Antes se hacían llamar “nobleza” y eran barones y marqueses. Ahora se llaman “élites políticas” y son Eurodiputados, Senadores…“. Al final, ellos en carroza y nosotros en burro, como ha sido siempre. –Les juro que sentí un escalofrío --. --- Pero hombre, no se pase, tampoco todos son iguales – le contesté --. --- Sí, ya, ya…-- dijo bajando la cabeza --. El “sí, ya, ya...” me penetró en el estómago como una daga de hielo y la imagen de la familia campesina de pie junto al camino, apretando sus sombreros de paja contra el sudado pecho y contemplando el paso de una calesa tirada por caballos, desde cuya ventana un orondo caballero o una lánguida dama de la rancia nobleza les miraba con indiferencia, se me fijó en la cabeza con la brutal expresividad y el colorido ocre del cuadro del Ángelus de Millet. Se suponía que pasar de súbditos a ciudadanos libres nos había costado muchos siglos y mucha sangre. Se suponía que limar las diferencias de clase creando una gran clase media, había costado años de lucha social y grandes sacrificios. Se suponía que la catarata de impuestos que pagamos el común, ya no iban a ir a parar a los cofres de las familias de clase alta para satisfacer sus lujos y caprichos, si no a un Estado de Derecho que repartiría y administraría el sagrado Bien Común. “Si, ya, ya…” ¿Qué nos estamos haciendo a nosotros mismos? Lo que ofende a la gente no es en sí el tener que afrontar la Navidad sin extra, o ver su humilde pensión transformada en un carámbano de hielo. Lo que ofende es que esos dineros sigan yendo a parar a los excesos lingüísticos del Senado y a su piscina climatizada, a los pisos de lujo de las 166 “embajadas autonómicas”, o a sacar del barro a Cajas y bancos, politizados hasta las trancas y administro-arruinadas por esa nueva especie de la cadena evolutiva que tanto éxito está teniendo, a juzgar por su imparable expansión: los “tontolistos”, que encima se han ido de rositas con indemnizaciones millonarias. Colbert- Pero Sire. Para conseguir dinero hay un momento en que engañar a la gente ya no es posible. ¿Podéis explicarme como seguir gastando aun cuando el Reino está endeudado hasta el cuello? ¡Ya no podemos subir más los impuestos a los pobres! Colbert- ¡Es imposible crear más impuestos contra los pobres! ¿Quizás contra los ricos? Colbert- Entonces ¿contra quien cargamos los impuestos? Mazzarino- ¡Colbert! ¡Tus pensamientos son turbios como el orinal de un enfermo! Hay una enorme cantidad de gente entre los ricos y los pobres. Son todos aquellos que trabajan soñando en llegar algún día a enriquecerse y temiendo hacerse pobres. Es a ellos a quienes debemos gravar, CADA VEZ MÁS, SIEMPRE MÁS. Cuanto más les quitemos, más trabajarán para compensar lo que les quitamos. ¡Son una reserva inagotable! Lejos de mi la intención de demonizar a toda la clase política o empresarial. La mayoría son decentes, sin duda, y de entre ellos, quienes nos han llevado a la ruina, al fin y al cabo no han venido de Marte. Han salido, y por tanto han seguido los patrones de conducta, de un tejido social en el que el enriquecimiento rápido, el ansia y el abuso de poder, el hedonismo, el apego al lujo y a los privilegios son los nuevos ídolos ante los que al parecer, ahora nos place arrodillarnos. O cambiamos todos, o el barco se nos hunde. |


