| José Alberto Pellicer |
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Felicidades al matrimonio El uno de agosto se casaron dos hombres, los dos se llaman Antonio, en Azaila. Expectación, curiosidad y alcagüetes, son algunos de los sentimientos o personas que despiertan este tipo de actos.
Los dos Antonios no forman parte de asociaciones, no andan pregonando que son diferentes, porque no lo son, no andan reivindicando, porque viven su normalidad. En el pasado estuvieron discriminados por la ley. En la actualidad la discriminación existe por parte del intransigente. Pero el intransigente no soporta al razonable, no soporta el que tiene ideas distintas, no soporta a los que proceden de otros países o de otras religiones. Son intransigentes también los que vienen con otras religiones y culturas y en su país no respetan al diferente. El intransigente es fundamentalmente miserable. Sin ideas, sin respeto. Es el tipo de persona que no admite que desde la cocina al mundo, todo es suyo. Es el que opina de todo creyendo que sienta dogma, cuando lo único que sienta es su enorme culo lleno de mierda en un orinal que es sólo suyo. El intransigente seguramente estará molesto. Pues me alegro. Que se moleste. Que se reconcoma, que sufra y que se disponga a seguir sufriendo, porque sin aspavientos, porque sin algarabías, porque sin más los dos Antonios son matrimonio.
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