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DENTRO Y FUERA DE UN REFUGIO ANTIAÉREO

Durante la guerra civil española, Alcañiz fue brutalmente bombardeada el tres de marzo de 1938 por catorce aviones italianos de la aviación legionaria italiana, que luchaba en el lado del ejército de Franco.
Diez mil kilos de bombas dejaron entre quinientos y mil muertos y heridos en esta ciudad que se usó durante  un día en objetivo de pruebas de armas nuevas.
Once días después, el ejército de Franco se hizo con Alcañiz haciendo creer que los rojos habían destruido la ciudad en su retirada.
¿Sirvieron ese día los refugios antiaéreos?

Está documentada la existencia de treinta y ocho refugios antiaéreos construidos en la Guerra Civil, distribuidos por las calles de Alcañiz. Actualmente, la escuela taller de esta localidad está restaurando y acondicionando uno de ellos, ubicado en el casco antiguo, con acceso por dos calles: la Teniente Moore y la Santo Domingo.


Se trata de un pasadizo de unos cuarenta metros de largo techado con bóveda encofrada de hormigón, con entradas en recodo, es decir tapadas parcialmente por un tabique para evitar que los restos de las bombas se colasen por la puerta.
Ocho alumnos y dos docentes, junto con el restaurador el arqueólogo y el director de la escuela taller están trabajando en el refugio con dos objetivos:
Por un lado, convertirán en museo este espacio para dar a conocer aspectos de la vida durante la guerra y, por otra parte intentan verificar que alguno de los muros de este refugio antiaéreo es parte de la antigua muralla medieval de Alcañiz.
Una restauración complicada y “fina” según de Santiago Martínez, director de la escuela taller, ha permitido que salga a la luz una inscripción en la fachada que da a la calle Teniente Moore, aunque debido a la falta de pigmento la información es incompleta: lo que parece un número “40-Bis” vendría a indicar que había cuarenta refugios antiaéreos en la ciudad, aunque sólo hay documentados treinta y ocho. A continuación parece leerse “caben” un número terminado en cero y “personas”, que indicaría su capacidad. Para dar con esta pintura, según explica el restaurador, José Luis Ponz, se han limpiado las capas de cal que la cubrían. La inscripción original ha sido minimamente retocada, lo justo para que puedan leerse las letras.


Los miembros de la escuela taller tuvieron que sacar un montón de cacharros del refugio, ya que se había usado como trastero, para poder continuar los trabajos de restauración del interior.
Una vez dentro, encontramos unos hierros en la pared, que según indica el arqueólogo, Eduardo Diez de Pinos, sujetarían estanterías donde habría máscaras de gas. De hecho, ha aparecido una de ellas.
También han aparecido, impresos en la bóveda dos sellos de la CNT realizados mediante encofrado: para que quedaran en el techo había que escribir las letras previamente en una tabla al revés, pero el que lo hizo se tomó lo de "al revés" demasiado al pie de la letra. Además en el muro habían sido insertados dos objetos: un casquillo de rifle soviético y una moneda de mil seiscientos noventa y algo (no se lee bien). Los graffitis del techo han sido consolidados con resina sintética.


Los muros que forman el pasadizo comprenden partes muy diferentes en cuanto a material y construcción, lo que indica que la construcción del refugio podría combinar sus muros con la muralla medieval. A esto hay que sumar, que en calles paralelas a esta es visible el relleno de la antigua muralla, con cascotes y argamasa (cal y canto). No han aparecido restos del siglo dieciséis, del que data la muralla, pero si han visto la luz piezas de cerámica del siglo dieciocho.
Alumbrados por los focos que alimenta un generador, los miembros de la escuela taller continúan su tarea minuciosa, en busca del suelo real del refugio, ahora cubierto de tierra, y de otros elementos de valor histórico. La manera futura de actuar depende de lo que va saliendo en las catas arqueológicas. Cada nuevo descubrimiento es una pieza más del museo que un día podremos visitar.

Más información sobre el bombardeo de Alcañiz en el libro de José María Maldonado “Alcañiz, 1938. El bombardeo olvidado”.

 

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