El masino Javier Carmona investiga el campo geomagnético en La Antártida

Javier Carmona, de Mas de las Matas, se encuentra actualmente en La Antártida investigando el campo geomagnético.

Llegó el pasado 6 de enero, después de un viaje de tres días en el buque de Investigación Oceanográfica Hespérides desde Ushuaia (Argentina) y permanecerá hasta el próximo 23 de febrero.

Cuando llegó a La Antártida, cuenta “casi no teníamos noche, pero ahora, ya sobre las 23:30 h. es de noche ya”, aunque lamenta que “casi siempre está nublado y no se ven las estrellas”. Comenzó su actividad con una temperatura de entre -5 y 5 grados, pero dice que “ahora que estamos entrando en el verano solemos estar entre -1 y 4 grados, por lo que casi toda la nieve se ha ido ya”.

De vez en cuando, indica, le visitan los pingüinos, “que están siempre en la playa” y también se dejan caer las focas por su base. Esta compañía, unida a “los increíbles paisajes, glaciares y la gran cantidad de icebergs que tenemos este año” le hacen sentirse “muy afortunado”.

Trabaja para el Observatorio del Ebro, vinculado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), como Técnico Especialista de Organismos Públicos de Investigación. Este Observatorio se dedica principalmente al estudio del campo magnético y de la ionosfera, junto con estudios de tipo hidrológicos además de ser el encargado de la motorización de la sismicidad de la plataforma Castor en Vinaróz. Este organismo lleva 20 años con presencia en la Antártida, siendo uno de los que mayor serie histórica de datos presenta actualmente.

Javier explica que debe desempeñar su investigación en la Antártida porque “las interacciones entre el campo interno de la Tierra, la corteza, la ionosfera y la actividad solar generan una serie de distorsiones en el campo geomagnético total. La actividad solar perturba de forma importante dicho campo. Los observatorios geomagnéticos del mundo se encargan de registrar estas interacciones y modelizar el comportamiento del campo. En nuestras latitudes algunas de estas distorsiones no se pueden registrar bien, por ser precisamente en los polos por donde entran las líneas de campo del imán gigante que es la Tierra (motivo por el cual se generan auroras boreales y australes). Este es el objetivo principal del interés en observar esta actividad en estas latitudes”.

Javier indica que “España tiene dos bases de investigación científica en la Antártida, Gabriel de Castilla, que se encuentra en una isla próxima (isla Decepción) que es un volcán activo y la base Juan Carlos I (en la isla Livigston) donde yo me encuentro.

Este año, además de las labores propias de observación, se nos ha encargado la construcción de la estructura donde se instalará, en la campaña del año que viene, un nuevo aparato de registro. Dicho equipo permitirá hacer precisamente las mediciones que desarrollamos nosotros durante el verano antártico (de diciembre a marzo) de forma automática durante el invierno, cuando no hay presencia de personal en la base. Esta nueva instalación, permitirá al Observatorio entrar en la red internacional INTERMAGNET, donde todos los observatorios del mundo comparten sus datos para toda la comunidad científica mundial”.

La vida en la base este año, describe, “está siendo ajetreada, porque está sufriendo una importante reforma y actualmente estamos casi 45 personas entre el personal científico, el personal técnico propio de la base y el personal de la obra en la base nueva”.

Licenciado en Ciencias Geológicas por la universidad de Zaragoza , antes de trabajar en el Observatorio del Ebro, Javier comenzó trabajando en el departamento de Volcanología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, en el departamento de Dinámica Terrestre y Observación de la Tierra en el Instituto de Geociencias.

 

Compartir