Jesús Gómez

Lo imposible: tsunami en Alcañiz
De imposible o milagroso puede calificarse al fenómeno que vieron mis ojos el viernes por la noche en los cines de Alcañiz. Una oleada humana, mayoritariamente femenina,  hacía cola para entrar a ver la película española  más taquillera de todos los tiempos: Lo Imposible, de J. A. Bayona. El aforo se completó hasta el punto de que algunas personas se quedaron sin poder entrar a la sesión de esa noche. Estas cosas no se veían en Alcañiz desde la proyección de Titanic en el año 1998. Era como si de pronto los alcañizanos hubiéramos descubierto que tenemos cine en nuestra ciudad.

Lo ocurrido suscitó en mí sensaciones ambivalentes. Por un lado, me alegró ver la sala de cine a rebosar y  pensé que tal vez, esto iba a propiciar  en Alcañiz una vuelta de la gente a la pantalla grande, lugar donde se comparte con otros conciudadanos la experiencia de asistir a la proyección de una historia que nos pueda hacer sentir emociones diversas, y, por qué no, entretenernos (no olvidemos que el cine en sus orígenes fue un espectáculo de barraca de feria). Esta experiencia no la podemos comparar con las que nos ofrecen nuestros aparatos digitales caseros por muy grandes y sofisticados que sean. Además, nuestra actitud tampoco es la misma  cuando estamos en una sala oscura, algo que es  todo un ritual: salir de casa, comprar nuestra entrada y compartir, sí, compartir con los demás nuestro tiempo, esos minutos que dedicamos con atención  a ver la obra que nos propone un creador.

Sin embargo,  por otro lado,  pensé que  simplemente, los alcañizanos respondíamos a la necesidad que se nos había creado a través de los medios de comunicación que han hecho una campaña de promoción de la película con un despliegue de medios sin precedentes.

Todo, finalmente, responde a la  cultura de masas que nos rodea.   Se crean  unos fenómenos mediáticos, donde la gente que, generalmente, no pisa un museo o no va nunca al cine, se vuelva loca haciendo colas ante la  “exposición del año” o ante la taquilla de un cine donde se proyecta una película como la que nos ocupa. El hábito cultural de ir al cine se ha perdido, y lo que ha sucedido este fin de semana nada tiene que  ver con el amor al cine sino más bien con la manipulación de las masas.

Los exhibidores no tienen más remedio que intentar atraer el público con señuelos como el día del espectador, ya que la situación económica y, especialmente, el gobierno parecen empeñados en cargarse este sector, y a casi todos los sectores, con sus políticas de  recortes y subidas   del IVA.

¿Puede suponer lo sucedido con Lo Imposible un revulsivo que haga que los alcañizanos volvamos al cine con normalidad?  Me gustaría poder pensar que sí y que pasado el “tsunami” de este  fin de semana,  las aguas no volverán de nuevo a su cauce y, que los poquísimos que sí  gustamos de  ir al cine con cierta asiduidad,  no nos encontraremos  con la  habitual y desoladora realidad de los últimos años en esta ciudad: unas salas con muy poca afluencia de espectadores.

Hay que aplaudir a la heroica empresa que está gestionando el  cine, y que con la colaboración de nuestro Ayuntamiento,  está consiguiendo lo imposible: seguir dando  un servicio cultural a esta
ciudad, servicio que, a tenor de los resultados de asistencia,  nos importa a muy pocos.

Espero que estas líneas os lleven a acercaros una tarde o una noche a nuestros cines y apreciar que existe  otra forma de ocio y cultura  en nuestra localidad en los fines de semana  y que sólo está esperando a  que la descubramos.

A pesar de que ¡Siempre nos quedarán Caspe o Valderrobres!, no deberíamos dejar perder algo que ha costado tanto conseguir.

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