Charlotada y toros en la misma entrada. VÍDEO


Es posible que parte de la historia taurina del mundo se escriba en Alcañiz. En la corrida de fiestas, hasta que no salió el quinto toro a la plaza no se mató a ninguno con estocada. Seguramente es el único caso en la historia de la tauromaquia.

Al primer toro lo mataron con la puntilla porque no podía levantarse, lo mismo al segundo. Al tercero lo devolvió el presidente a los corrales sin motivo. El cuarto también se tumbó y esperó la muerte de manos del subalterno con la puntilla y no fue hasta que Padilla lidió su segundo que no se mató a un toro con el estoque.

La tarde amenazaba lluvia, pese a lo cual hubo tres cuartos de entrada. El primer toro de Padilla estaba bien presentado, grande, algo sobrado de kilos, pero causó buena impresión a primera vista, hasta el punto que Padilla dijo a un subalterno “buen toro”. Puso las banderillas con Imanol Sánchez. Digno tercio. Comenzó la faena de muleta junto a las tablas, pero entonces se vio que realmente estaba el toro sobrado de kilos, comenzó a caerse hasta que dijo de aquí no me levanto. Y no se levantó. El presidente mandó matarlo con la puntilla ante la imposibilidad de levantarlo.

En su segundo, cuando todo hacía presagiar una tarde de mala charlotada, Padilla le echó arrestos, su labor fue encomiable y ante un público dispuesto a tragar todo, se creció lo hizo partícipe y levantó la tarde que estaba hundida en la miseria para ver a un torero. El público lo agradeció y se entregó en su faena. Toreó bien y con entrega, fue el primer toro muerto por estoque, con una sola espada fue suficiente y se le premió con dos orejas y rabo. El toro hubiera pasado por un novillo no muy formado.

Abellán tuvo en su primero a otro novillo que pasó por toro y que al poco de salir se dio un golpe en una pata delantera lo que le dejó inútil para la lidia. El presidente dejó que continuara la lidia sin devolverlo a los corrales a pesar de la visible invalidez del toro. El tercio de banderillas, para recordar por lo pésimo, aunque luego aún sería superado para peor por el de Imanol. Con el toro inútil y algún grito de que aquello era una charlotada, un espectador tiró un rollo de papel higiénico, el torero lo cogió y realizó unos lances con él en la mano para finalmente tirarlo al público de una patada.
El toro cayó a la arena y no se levantó. El público gritó “fuera, fuera”, pero el toro no estaba ni para fuera, ni para dentro. El presidente lo mandó matar con la puntilla.

En su segundo estuvo mucho más torero, pero su faena quedó algo eclipsada por la que acababa de realizar Padilla. Acabó una tanda de pases con la muleta en la arena y el torero de rodillas y la taleguilla abierta. Lo mató de pinchazo y estocada, lo que fue premiado con dos orejas.

El aragonés Imanol Sánchez recibió a su primer toro con mucho afán pero poco arte taurino. Era muy pequeño. Se le picó e incompresiblemente el presidente lo mandó cambiar por el sobrero. El sobrero, llamado Fantasma a punto estuvo de producirle un disgusto al diestro aragonés. Pues al poco de salir a la plaza le dio un puntazo a dos centímetros del ojo derecho. No pasó de ahí, pero se pudo ver el temor del torero. Fue incapaz de dar un pase, no fue capaz de banderillear, el tercio de banderillas penoso, penoso con un banderillero que no llegaba a la cruz del toro. Realmente penoso y patético. Se le picó sin que hubiera maestro de lidia en la plaza, porque el torero estaba atendido por los servicios médicos y después de todos los despropósitos se tumbó, renunció el toro a levantarse y tuvo que ser matado con la puntilla.

El que cerró plaza, fue el único que tenía los cuernos bien puestos y no escobizos. Imanol no conseguía amarrarlo, en vez de ir el toro al capote, el torero con el capote iba al toro. A pesar de que Padilla había compartido con él el tercio de banderillas, Imanol puso todos los pares, lo que quedó un poco feo. Pidio permiso a la presidencia para poner un cuarto par y entonces se fue haciendo con el público. Realizó varias series de muleta pero con tandas muy cortas y levantando excesivamente el engaño, lo que hacía que fuera incontrolable el toro. Se jugó el tipo en un par de ocasiones cuando se quedó desarmado delante del toro, porque el toro estaba muy entero y nada entregado. Mató de una estocada y fue premiado con dos orejas.

Los tres, con sólo media corrida lidiada completamente, salieron por la puerta grande.

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