Opiniones

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Protección a la infancia

En los pueblos, chicos y chicas, con tierras y vacas, se casaban, de modo que el trabajo estaba garantizado, y por tanto, a la descendencia no le iba a faltar protección. Además no tenían nada que denunciar, y sí tareas que realizar con su padre y con su madre, tíos o abuelas, además de ir a la escuela, el instituto o la universidad. De modo que no tenían más que emular a sus padres, y tener trabajo con ingresos, y luego formar una pareja, y con ella lo que venga. Que así estará protegido. Es esencial un compromiso de no robar hijas ni patrimonio, a nadie. Las mujeres en estas circunstancias, no se reservaban quehaceres, y naturalmente contribuían a la economía familiar, aportando y sin rivalizar. Y de modo natural, la descendencia iba aprendiendo los oficios de sus ancestros, sin sentir. Lo de los estudios académicos ya era más incierto. Pero se guiaban por hacer lo que podían por aprovechar lo que allí se ofrecía, sobre todo si lo que costaba suponía un sacrificio para los padres o quienes contribuyeran. Esa abundancia de actividades, hace que no haga falta ni reprender, ni mucho menos maltratar.

Aparte de lo de casa y los estudios, estaba preparar fiestas populares, coger caracoles, pescar en el río, hacer trabajos comunales, cortar leña en el monte, visitar a los parientes no tan lejanos o sí, para comuniones, bautizos, bodas, o patronos, cuando no ir a decenas de kilómetros a trabajar huertas o atender algún favor o ayuda. Y todo porque el objetivo era dejar la soltería, y no, tener sexo. Y si se producía el embarazo, siempre de mutuo acuerdo, pues se acogía a la hija con toda la disposición a cuidar. Será una más en casa.

Y si en el colegio le hablaban de algo raro. Pues se hablaba en casa suficientemente, y ya está. ¿Qué es eso de vetar? Por favor. Y de los juzgados, lejos, que quien mucho pleitea, pierde fama y pierde hacienda.

A por otra

Mal que bien hemos pasado la Semana Santa de aquella manera. Sin procesiones, sin reencuentros familiares, sin playa y en mi caso, hasta sin rosqueta porque en esta ciudad donde vivo la rosqueta (culeca o mona de pascua), se come los días previos al lunes de pascua y por poco previsora me he quedado sin… Mi cuerpo serrano lo agradecerá, que después del potaje, el bacalao con tomate y las torrijas, necesita un descanso culinario.

Ahora a esperar. A esperar la temida ola de Covid que dicen que se avecina, y de paso, la vacuna, que por edad ya me va tocando. Una ventaja que tiene hacerse mayor, que no vieja.

Hemos puesto nuestras esperanzas en la vacuna, y parece que con eso ya no haya que tener medidas preventivas. Así hemos visto los descerebrados celebrando fiestas, reuniones multitudinarias, los aficionados al fútbol, los inconscientes… El mar está picado y saltar las olas es cada día más costoso por puro cansancio, pero aquí seguimos, saltándolas como podemos, esperando que la siguiente no nos rompa delante de las narices y nos de un revolcón en el que salgamos mal parados o incluso ahogados (nunca mejor dicho, que este virus cabrón ataca al sistema respiratorio sobre todo).

El año que viene esperemos que resuenen los tambores con fuerza en nuestra tierra, que nos podamos dar abrazos, nos veamos las caras y no tengamos que están aún saltando olas.

Hacia la cuarta ola

Por segundo año, hemos vivido una Semana Santa sin procesiones. La pasada, estábamos confinados en nuestras casas, según ha confesado Fernando Simón porque no sabían qué hacer. En esta, se nos ha permitido movernos dentro de cada comunidad, a menos que se sea extranjero que se puede, sin control alguno aun proviniendo de países en situación mucho peor que la nuestra, entrar en nuestro territorio por tierra, mar y aire y circular por él libremente.

El 21 de junio de 2020, finalizado el estado de alarma, pasamos a la “nueva normalidad”. 

Sánchez declaró tener controlado el virus y animó a la ciudadanía a “salir a la calle y disfrutar”. No tuvo que insistir mucho. La ciudadanía, agobiada por la larga reclusión, le hizo caso y salimos y disfrutamos, pero con la mascarilla puesta. Sin embargo, no tardaron en reproducirse los brotes.

Los primeros, a comienzos de julio, en la comarca leridana de Segriá entre los temporeros de la fruta, muchos, ilegales. De ahí, el virus se extendió al Este de Huesca y al Bajo Aragón-Caspe, zonas que fueron confinadas de nuevo. El Gobierno autonómico de Madrid pidió controles en la entrada de viajeros por Barajas, sobre todo en los vuelos procedentes de lugares donde los efectos del coronavirus eran graves, pero el ejecutivo central, siempre tan escrupuloso en ciertos temas, se negó aduciendo que restringir el tránsito de personas por nuestras fronteras era racista.

Tan solo, se han establecido escáneres térmicos en los aeropuertos dejando abiertas las puertas a quienes quieran venir, incluidas las diversas cepas en las que ha ido mutando el covid. Nuestro experto en pandemias, a mediados de enero, vaticinó que la cepa británica, mucho más contagiosa, sería marginal en España. A los pocos días, hubo de rectificar ampliando su impacto hasta el 50% de los infectados. Dicha cepa supera ya el 90% de los nuevos casos diagnosticados.

Desde luego, como oráculo, no tiene futuro. El problema es que sus errores nos salen caros.

Con la relajación de medidas durante el verano, los contagios por covid-19 volvieron a dispararse por lo que el Gobierno, el 25 de octubre, impuso otro estado de alarma; ahora, con normas menos estrictas. Esta segunda ola causó, en media España, más muertes que la primera.

La tercera ola nos sobrevino tras las Navidades. Y, sin haber salido de esta, está irrumpiendo ya la cuarta. Pretendían que usáramos la mascarilla en todas partes, incluso en la playa o en el campo. Salvo si se fuma. Por lo visto, el tabaco repele los virus. Han dado marcha atrás. Rectificar es de sabios aunque hablar de sabios…

Vacuna COVID. Una sinrazón

Nadie se asuste. No soy ningún antivacunas. Quiero narrar mi experiencia para poner de manifiesto lo mal que se está gestionando el tema de las vacunas. Es mi caso.

Yo pasé la enfermedad del coronavirus el pasado mes de enero. El viernes día 26 de marzo me llaman por teléfono desde el SALUD para preguntarme que si quiero vacunarme. Contesto que sí. La persona que me llamó me dice que debo hacerlo el lunes día 29. Me sorprendo y le hago saber que yo he pasado la enfermedad en enero. Ella queda más sorprendida y me dice que entonces no debería vacunarme hasta julio. Lo iba a consultar y luego me llamaba.

A los diez minutos me llama y me dice que efectivamente, hasta julio no debía vacunarme, que ya me llamarían entonces.

Primera conclusión: me llamaron sin haber consultado mi historial, sin saber si había pasado la enfermedad, si tenía algún riesgo añadido por algún tipo de enfermedad previa.

Siguieron sin mirar mi ficha y calcularon seis meses a partir de la fecha que yo les dije, no la que figuraba en mi historial.

El lunes 29 me vuelve a llamar la misma persona y me dice que “han cambiado los protocolos” y que sí que debo vacunarme. Que si quiero hacerlo debo hacerlo al día siguiente. Me quedo sorprendido al ver cómo en un fin de semana en el que son incapaces de sacar los datos (la incompetencia del llamado efecto fin de semana), lo han utilizado para cambiar el protocolo.

Acepto ir a vacunarme al día siguiente.

El martes 30 acudo a vacunarme. Cuando estoy sentado una persona del SALUD pregunta por mi identidad y entre las preguntas que me hace me dice que si he pasado recientemente le coronavirus. Le digo que sí, que en enero. Me contesta que entonces no puedo vacunarme, tengo que esperar seis meses. Siguen sin mirar mi historial médico. Le cuento la historia anterior. Me dice que no, que no debo vacunarme, que el protocolo, otro protocolo, es hacerlo dentro de seis meses.

Ya estaba dispuesto a levantarme e irme, cuando me dice que espere un momento, que va a consultarlo. Vuelve y me dice que sí, que debo vacunarme, que para las personas mayores de 65 años se debe administrar la vacuna aunque se haya pasado recientemente.

Hasta aquí la historia.

Conclusión, esto es una sinrazón. El tema creo que es lo bastante serio como para no estar sujeto a estos vaivenes.

Parece ser que todo debería obedecer a razones científicas. Yo lo ignoro.

Por otra parte leo a científicos que dicen que los que hemos pasado la enfermedad debemos esperar seis meses y recibir una sola dosis. A mí ya me han citado para la segunda.

Había una vez un circo

El espectáculo ofrecido por nuestros políticos está siendo lamentable y constata, por si algún iluso albergaba dudas, que el interés de la ciudadanía les trae al pairo. Lo único que les mueve es alcanzar el poder con las prebendas que conlleva. Y para ello, sin el menor atisbo de escrúpulos, se desdicen de un día para otro, mudan de principios o pactan con quien sea, hasta con el mismo diablo. En Murcia, la realidad ha superado a la ficción. Qué culebrón podría escribirse. El suspense y la intriga estarían garantizados. Juego de tronos se quedaría en nada.

Tras las elecciones municipales y autonómicas de 2019, en algunos Ayuntamientos y Comunidades, se formaron gobiernos de coalición entre el PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox.
Año y medio después, Cs sufre un batacazo electoral en las Generales y Rivera dimite. Le sustituye Inés Arrimadas que, enseguida, insiste en arrimarse al PSOE a pesar de los continuos desplantes de Sánchez que prefiere a Podemos. Los resultados de los comicios catalanes precipitan los acontecimientos. PSOE y Cs, casi con nocturnidad y alevosía, negocian un cambio de alianzas para apear al PP de los feudos donde gobierna con Ciudadanos, empezando por Murcia. Aquí, PSOE y Ciudadanos, alegando la corrupción del PP, presentan una doble moción de censura en la Comunidad y en el Ayuntamiento. La Comunidad sería para Cs y el Ayuntamiento para el PSOE. Pero tres de los seis diputados del partido naranja rompen el acuerdo y mantienen su apoyo al PP asegurándose cargos y futuro. La moción de censura precisa, ahora, además de los dos votos de Podemos, los de los tres tránsfugas de Vox que, al parecer, han dejado de estar apestados. Pero los de Iglesias anuncian que no respaldarán la moción si se negocia con la extrema derecha cuyo voto se convierte en “pura ambrosía”. Estos parlamentarios exigen para dar su sí la introducción del pin parental, esto es, que las familias puedan autorizar a sus hijos participar en actividades complementarias de los centros docentes sobre temas morales o sexuales. PSOE y Cs ya no lo rechazan sino que lo consideran “una idea maravillosa y constitucional”. Al final, los ex Vox no secundan la moción a cambio de la Consejería de Educación.

Este fiasco ha trastocado la política española. Ciudadanos acelera su ocaso, Pablo Iglesias deja el Gobierno y el Congreso y, en Madrid, se convocan elecciones para evitar otra moción de censura como la que se ha intentado en Castilla y León o la que ha triunfado en el Ayuntamiento murciano. Somos un país bananero. Se ríen de nosotros en nuestra cara sin importarles el descrédito de las instituciones. Y los fans de cada partido aplaudiéndoles.

Dame eutanasia que quiero morir

Tras el dame vacuna que quiero vivir, de Raúl Pérez en Late Motiv, a ritmo de, dame veneno que quiero morir, que antes prefiero la muerte, que vivir contigo, ahora llega, dame eutanasia, que viene a ser un eufemismo de lo mismo, habilitar para robar y matar. Un jacarandoso tertuliano de tarde lo que tarde, espetaba que era un derecho, quien no la quisiera que no la pidiera, que no se obligaba a nadie a inmolarse, como no se obligaba a nadie a abortar o a divorciarse. Se le calentó la boca, claro. Claro que se obliga a divorciarse, se llama divorcio contencioso, y es para robar a capricho, y peor que matar a quienes no roban ni agreden, ni poco, ni mucho ni nada. Y lo de abortar, ay, también se obliga, maleducando y endemoniando, naturalmente, después de imbecilizar, como para proclamar que no se quiere saber nada de a quienes se roba y contra quienes se atenta, los padres, no esas a quienes llaman madres, erróneamente. Lo que da pie para que Miguel Durán, con donaire, alegría y desenvoltura, largue que los abogados excitan la creatividad de las jueces, a tres mil euros la excitación, y sin que suponga dejar de robar hijas y patrimonio, claro, y entregarles a quienes pidan abortos, divorcios, eutanasias, y no sean capaces de fabricar locomotoras; qué digo, que no sean más que capaces de "cuidar" de hijas, como para garantizar fracaso escolar, vicios y mal genio; dejémoslo ahí. Y de cuidar ancestros, esto es, si otro está más capacitado para procurar esos cuidados, empezando por no tener antecedentes de robos y abusos, alegar que eso es cosas de mujeres, pero alegar amenazando, en clara disposición para agredir, por sí, o no diciendo no es no a delincuentes, del tipo abogado, jueza, letrados de la administración de justicia, y asimilados con ramificaciones entre la población no funcionarializada. Y oiga, cuando no haya ofrecido garantías en la administración de algún tipo de vacuna, esgrima estadística, a lo Tezanos, diciendo algo del tipo: la mortalidad causada por la inoculación de AstraZeneca Oxford, es inferior a la causada por otras vacunaciones y hasta tratamientos. No evidencie que no realiza los análisis precisos, y posibles, para que ni un sólo caso de riesgo de muerte por vacunación de AstraZeneca o cualquier otro tratamiento médico, desemboque en homicidio imprudente por negligencia o culpa, o asesinato, por dolo. ¡Ay señor, como me acuerdo de aquel prohombre titán, que ante los robos en su jurisdicción, indicaba a la justicia que procurara que los autores no volvieran a robar, andando, como Miguel Durán, que está pidiendo a gritos, no digamos que le partan las piernas, pero que si le pasa, y dios no lo quiera, estamos en condiciones de ofrecerle una amplia gama de sillas de ruedas que excitarán su creatividad, en justa correspondencia con la imaginación que activa en sus semejantes, ya que llevan incorporados mecanismos, que como todo lo confidencial, se debe "Quemar después de leer".

Las centrales eólicas y el síndrome de la rana hervida

En su libro “La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida”, Olivier Clerc nos cuenta una analogía acerca de cómo la adaptación a un cambio puede llegar a asimilarse.

Una rana introducida en un recipiente con agua templada al que se le va subiendo progresivamente la temperatura, soporta el cambio. Dedica su energía vital a ir asimilando que el ambiente se va tornando un poco más hostil. A lo que se quiere dar cuenta, el agua esta tan caliente que no puede saltar. Si esa misma rana se introdujera en agua hirviendo directamente, daría un salto y escaparía de la quema. Sobreviviría.

Las personas tenemos un alto poder de adaptación. Eso explica que hayamos dominado todo tipo de ambientes y superado cualquier adversidad.

Si en un descampado cercano tiran un montón de basura o escombros nos llama la atención.

Nos salta la conciencia de un exceso que se está produciendo. Sin embargo, si un día vemos una colilla, al día siguiente un papel pequeño, otro una bolsa y al cuarto una lata…, al cabo de unos años veremos un montón de escombros y nos parecerá normal. Somos capaces de ir asumiendo ese exceso hasta normalizar incluso la basura.

Cuando empezaron a aparecer en nuestro territorio las primeras centrales eólicas, nos llamaron la atención porque ves todo lo que supone: animales muertos, pérdida de otros recursos, destrucción de paisaje, luces por la noche, ruido… Aun así, algunas personas, han ido integrando esto en su día y día y les parece normal. El agua ha ido subiendo de temperatura y lo que vengo a llamar el “Síndrome de Estocolmo molinero” les ha raptado con promesas económicas exageradas y con un discurso falso sobre la despoblación. Se han acostumbrado lentamente a esa agresión.

La que se nos viene encima es agua hirviendo; decenas y decenas de centrales eólicas y solares proyectadas, sin respeto medioambiental y sin planificación global.

Una montaña con su altura forjada geológicamente en millones de años crece 200 metros en unos meses. Especies de animales deben aprender a convivir con esos cambios en tan solo unos días o huir a zonas remotas y tranquilas, que ya escasean. El paisaje, esa mezcla de lo humano y lo natural, es lo más preciado que nos queda en Teruel (o quedaba). Lo estamos hipotecando en manos de inversores que no saben ni donde esta nuestra provincia.

No nos dejemos hervir a molinos. Hay que saltar de ese carro antes de que sea demasiado tarde.

Estamos a favor de las energías renovables, de autoconsumo, sostenibles y cercanas a su lugar de consumo. Renovables sí, pero no así.

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