
En un semanal sobre moda, un joven diseñador opinaba: “Hay poca masa social interesada en ella. En España nos vale con vestirnos de marcas como Zara o Mango, mientras que en otros países europeos hay interés en salirse de la uniformidad”.
Otro calificativo más para los españoles “uniformes”. No sé en qué mundo vive toda la gente que califica constantemente a los españoles, pero no parece que vivan en el mundo real. Claro que vestimos en Zara , Mango, Pull&Bear, Blanco, Stradivarius, Bershka, Mango, Primark, H&M..., pero no con la intención de parecer colegiales o porque no tengamos otro gusto, sino porque no tenemos otro presupuesto. La mayoría somos mileuristas y eso los que tenemos suerte, otros forman parte de la mayor empresa estatal el INAEM. A estos últimos la crisis les sirve para jugar a diseñadores, coger lo que tienen en el armario y reinventar una y otra vez distintos modelitos y, sintiéndolo por este joven diseñador, poco les importa la tendencia de moda.
Nos comparan en todo con Europa menos en una cosa: los salarios; de estos nunca se habla. Somos la mano de obra barata de Europa y, si nos quejamos, nos dicen que no somos productivos. Sin ningún tipo de vergüenza se dirigen a personas que se levantan a las seis de la mañana y llegan en muchos casos a las nueve de la noche y les dicen que no son productivos.
También somos derrochadores porque todos nos compramos una vivienda en vez de alquilarla. Nos la compramos porque el Estado protege y ha protegido durante años la compra de vivienda, al ser mayor la desgravación en la declaración del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y por las numerosas subvenciones a la compra. Pagamos lo mismo por la compra de una casa a veinticinco años que por el alquiler. El problema es que si no podemos pagar la hipoteca tampoco podemos pagar un alquiler y hay que recurrir a la familia, esa familia española que siempre protege y ampara a los suyos. De esta forma nos han tenido quietos en un lugar sin salir a buscar nuevas expectativas laborales más fructíferas y el resultado ha sido unos salarios mediocres y unos ciudadanos que no protestan.
No dejo de preguntarme hasta qué punto nos manipulan, hasta qué punto mis opiniones están siendo manipuladas. No soy tan ilusa para pensar a mí no, a mí no me manipulan. Todos podemos verlo. Si escuchamos a los políticos y vemos las televisiones nacionalistas apreciamos como manipulan para conseguir cada vez más adeptos nacionalistas. Esta semana hemos visto como Cristina Fernández de Kirchner manipula con su populismo la opinión de los argentinos. Es fácil verlo desde fuera, pero lo complicado es reconocer y ver cómo nos manipulan. Lo único que podemos hacer es estar bien informados, recoger toda la información que cae en nuestras manos o buscarla, tanto nacional como extranjera y no dar nada por sentado, porque según la información con la que contemos nuestra opinión irá variando. Lo que si que debemos evitar es sentirnos culpables, porque intentaran hacernos sentir culpables de todo: de la crisis; de que hayan tenido que derrochar tanto los políticos; de la construcción de aeropuertos sin aviones y aves sin pasajeros; de que los jóvenes tengan que marchar fuera de España; darán la vuelta para modificar las opiniones vertidas estos día hacia la Casa Real... Todo lo han hecho porque sus ciudadanos se lo exigían. Cuidado, no somos los culpables, somos las victimas, las victimas de lo que han hecho los dirigentes políticos socialistas y victimas de los recortes que estamos sufriendo continuamente por parte del partido popular. Yo no sé los demás, pero yo todavía no veo ninguna luz en este largo túnel tan negro.
Y a todo esto hay que añadir que a nuestro San Jorge le quedan dos telediarios, dentro de poco sólo se le denominará San Jordi, denominación que se le da en todos los medios de comunicación menos los aragoneses, salvo que ahora nos acostumbremos al Sant Chorche, denominación de los que defienden el nuevo aragonés..
