
La preferencia en las preferentes
La Comisión Nacional del Mercado de Valores abrirá acciones disciplinarias a nueve grupos financieros por la venta de participaciones preferentes y deuda subordinada.
¿Acaso eso va a devolver a cientos de clientes sus ahorros de toda la vida? Porque según ha anunciado la presidenta del esta Comisión, el objetivo de dichas sanciones es que no se vuelvan a dar estas situaciones en el futuro, pero no ofrece solución a lo que ya ha sucedido.
Incluso se reconoce una mala praxis por parte de las entidades bancarias, que no informaron adecuadamente a sus clientes cuando les ofrecieron el producto, induciéndoles, equivocadamente, a aceptarlo.
¿Servirán de consuelo esas medidas a los afectados que han perdido su dinero?
En muchas ocasiones me pregunto quién dirige las entidades bancarias y, más aún, me he preguntado si son personas. Me cuesta mucho trabajo creer que alguien pueda hacer tanto daño a sabiendas.
Imagínense esa pareja de ancianos a la que ha costado tantísimo juntar un dinerillo que, como ya he dicho antes, son lo que se llama “los ahorrillos de toda su vida”.
Imagínense a esa pareja que va a su banco, su banco de toda la vida, donde ahora trabaja el hijo de su vecino, un muchacho al que conocen casi desde que nació, al que con mucha probabilidad le han dado caramelos alguna tarde en la que pasaba por la puerta de su casa de la mano de su madre.
Ese mismo muchacho, con su carrera en Económicas o Empresariales o algo similar, con sus másteres y toda su formación (cosa que esa pareja de ancianos admira y venera profundamente), les aconseja que inviertan su dinero en un producto financiero que les va a dar una gran rentabilidad.
Pero esa rentabilidad se convierte en una gran trampa, en un gran agujero negro que ha hecho desaparecer ese dinero que seguramente al Presidente General del banco en cuestión les parece una miseria sin importancia, pero que para ellos es su vida.
¿De verdad siguen pensando que ese Presidente General es una persona? ¿Qué persona puede ser capaz de obligar a sus empleados a embaucar de esa forma a un cliente? Sigo negándome a creer que haya alguien capaz de esto, aunque la realidad se empeñe en demostrarme lo contrario.
