
La primavera española
Los españoles tenemos una fama que, no sé si merecida, nos precede: vagos y poco serios. Porque además de tener pocas ganas de trabajar, nos gusta la juerga y le sacamos punta a las situaciones más dramáticas.
Pero lo que de verdad debería ser admirado por el resto del mundo es nuestra paciencia y capacidad de sufrimiento, si con la que estamos aguantando somos capaces de sacar nuestro legendario sentido del humor no creo que sea para criticarnos, en todo caso, para que los demás aprendan algo.
La cuestión es hasta cuánto somos capaces de aguantar, hasta cuándo seguiremos siento capaces de hacer chistes sobre todo, a dónde quieren ir a parar...
No hay trabajo para más de cinco millones de personas, más de millón y medio de familias tienen a todos sus miembros parados; no podemos ponernos enfermos porque nos van a recobrar las visitas, los medicamentos, las prótesis y además los que tienen trabajo, si faltan mucho se irán a la calle "por falta de productividad"; la enseñanza pública volverá a ratios de 40 alumnos por aula y, por supuesto, sin los apoyos y refuerzos que marcaba la LOE. A la Universidad pública asistirán sólo los niños pijos que vayan de progres, porque los demás estarán en las privadas y los hijos de obreros no volverán a pisarla a no ser que con mucha suerte consigan una plaza en la empresa de limpieza. Nos suben los impuestos, directos e indirectos, nos suben el combustible y quieren cobrarnos por usar las autovías; y así día tras día se va dando una vuelta de tuerca más al garrote.
Mientras tanto los políticos siguen a la suya. No se recortan privilegios, ni se disminuye su número, ni sus pensiones, ni sus sueldos y dietas y tanto menos escuchan a nadie. La Justicia, "igual para todos", pacta con los delincuentes para no tirar de la manta y que salgan más implicados de los que interesa, igual para políticos y aristócratas, e igual, pero diferente para el resto de los mortales.
Mientras nos sigamos riendo de todo, y nuestras primaveras sigan asociadas al fino, la manzanilla, los toros y los bailes, el resto del mundo seguirá pensando que tampoco nos va tan mal, que aun tenemos ganas de fiesta y que aun se nos pueden ajustar más las cuentas, que aun no han recortado bastante.
Pero la primavera española llegará, la paciencia tiene límites y los está rozando y, quizás entre risas, cambiaremos las cosas.
