Opiniones

Dafne Fortea

El Hilo Rojo

“Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper.”

La intuición no siempre nos funciona bien, pero a todos nos ha pasado, al mirar a alguien en un autobús, en el metro, o en una calle, tener la corazonada de que esa persona va a formar parte de nuestras vidas.  Por alguna razón irracional seguimos creyendo que existe algo parecido al destino.

Cuenta la leyenda japonesa que entre dos personas destinadas a encontrarse y tener un lazo afectivo existe un hilo rojo. Este hilo rojo viene con ellas desde que nacen y permanece con ellas toda la vida, independientemente del momento de sus vidas en que las personas van a conocerse.

Este hilo jamás puede romperse. Puede tensarse más o menos, pero nunca romperse. Y siempre continúa uniendo a estas personas. Existen bellas expresiones en relación a esta metáfora: “tirar del hilo rojo”, o “tender puentes con hilos rojos”. Una de las leyendas sobre el hilo rojo cuenta que en la luna vive un anciano que por las noches sale para buscar las almas que están predestinadas a unirse y las ata con el hilo rojo para que no se pierdan.

En Cuentos de Tokio de Yasujiro Ozu, una película japonesa de los años 50, hay una escena en la que los protagonistas, un matrimonio del entorno rural que están visitando a sus hijos en Tokio, están sobre un rascacielos, mirando el skyline de Tokio. La gran ciudad se extiende frente a ellos.

La mujer le dice a su marido “si nos perdiéramos aquí, no nos encontraríamos en toda la vida”. La ciudad es un gran laberinto. Aún en la sociedad hiperconectada en la que vivimos, podemos perdernos. Mientras el azar sigue tejiendo nuestro destino, con sus hilos rojos.


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