Opiniones

EN MI MOLESTA OPINIÓN: El olor de los libros

José Alberto Pellicer

Me gustan los avances tecnológicos. Luego creo que los uso con moderación, pero no deja de asombrarme la capacidad para guardar miles de canciones un aparatito de cuatro centímetros cuadrados o las posibilidades de un teléfono móvil que te permite utilizarlo de navegador, escuchar música, la radio, guardar archivos, jugar,… e incluso hablar por teléfono.
Mi última adquisición ha sido un libro electrónico. Un dispositivo capaz de albergar en una cuartilla toda la biblioteca que he ido acumulando a lo largo de mi vida.  Tiene además un diccionario que en cualquier momento me saca de dudas sobre el significado de cualquier palabra que estoy leyendo.
Tengo amigos que me han mirado con recelo. ¿Qué te has comprado un libro electrónico? Yo no pasaré por ahí, en mi casa no entrará uno, se está perdiendo el sabor de los libros,… han sido algunas de las respuestas.  ¿Por qué, si el contenido es el mismo y es mucho más cómodo, más ligero, no es necesario talar árboles, tienes toda una biblioteca a tu disposición cuando viajas, facilita el intercambio tanto de libros como de informes con otros amigos o conocidos?
Intentaba en vano hacer un resumen de las ventajas de un libro electrónico. Todos, como único argumento me han dicho que no pueden renunciar al olor a libros.
¿Has comprado el último de Gabriel García Márquez? ¿A qué huele? A lomo. No, no lo voy a comprar que soy vegetariano.
Siempre compro lo que publica Almudena Grandes, mientras no cambie de editorial, porque sus libros tienen cierto perfume a vino que hace que me embriague su lectura.
Creo que estos amigos deberían entrar en una perfumería en vez de en una librería. Habrá argumentos en contra del libro electrónico, pero serán otros que los de los olores.
¿Y el olor de los libros de “La sonrisa vertical”? Ah que olor.

Compartir

Otros artículos de opinión

Image