
José Alberto Pellicer
En una ocasión me encontré a una persona que se lamentaba porque había llevado dinero al banco y no se lo habían dejado ingresar. Le dije que no me lo creía, que con los tiempos que corren todas las entidades corren tras un euro como las moscas tras la mierda. Lo dejé correr. Pero resultó ser cierto. La entidad era Ibercaja. Debía pagar una cantidad de dinero en Ibercaja y no me permitieron hacer el ingreso porque no era ni el día ni la hora apropiada.
Luego he ido sumando más despropósitos impropios de quien vive de un cliente que debe confiar su dinero en esa entidad. En una ocasión se negaron a que devolviera un recibo de CASER por no querer continuar con esa compañía de seguros. Tuve que utilizar el recurso americano de eso me lo dices en presencia de mi abogado para admitirlo “como una excepción”.
Otro día me presentan a firmar un documento de cuatro páginas de letra pequeña y se molestaron porque quise leer lo que firmaba. Me habían dado a firmar poco menos que les cedía mis datos para usarlos a su antojo. Cuando les dije que no lo firmaba, me presentaron otro, que ya tenían preparado para los clientes díscolos como yo, en el que se rechazaba la cesión de datos.
En otra ocasión me pidieron el D.N.I. para comprobar mi identidad, correcto, pero sin mi permiso se fueron a hacer una fotocopia y luego no me la querían entregar. Les dije que sólo aceptaba que se la quedaran si me daban una fotocopia de su carné (de los trabajadores de Ibercaja). ¿Para qué quiere nuestro carné? ¿y vosotros el mío? Son normas de la casa. Pues las de mi casa son que no os lo cedo.
Las molestias casi se corresponden con las veces que he entrado en una oficina de esa entidad. Pensaba que era un problema mío, que no congeniaba con su forma de trabajar, pero ahora resulta que somos mayoría. Un estudio recientemente publicado pone de manifiesto que es la entidad peor valorada en Aragón en cuanto el trato al cliente. No me consuela, pero no estoy solo. Me consolaría más que cambiaran el talante o fuesen ellos los que se quedasen solos.
