José Alberto Pellicer
En Madrid han convocado una procesión de ateos. No sé si se celebrará o no porque andan a la greña con las autoridades para ver si es legal, blasfema o manifestación. Es la caspa que en forma de nieve nos llega en plena primavera. A unos les debe molestar un Cristo crucificado, a otros el botellón, a otros los desfiles del ejército, a otros un cuerpo desnudo, a otros una procesión de borrachos. A mí no me molesta nada. Que cada cual haga lo que quiera a nivel individual. Lo que me molesta es que se gasten mucho dinero público en hacerlo (es el caso de los desfiles militares).
A nadie debería molestar que el otro, el diferente hiciera lo que le viniera en gana. Y luego, si quieres comparas y dices a esa fueron cuatro gatos y a la mía cuatro mil. Pero prohibir, está mal, está feo, no es digno.
Que elija el individuo. En cuestiones de creencias, el individuo. En los mítines del PSOE el presidente del gobierno está como militante del partido, no como presidente. A una procesión se acude como cofrade, con peineta o tambor, no como alcalde o alcaldesa.
Porque a una misma hora deben poder desfilar moros, cristianos, judíos, ateos y borrachos. ¿A qué procesión acude el alcalde, o alcaldesa? A ninguna. Como individuo, a la que quiera o a las que quiera.
Los hay que están agarrados a la edad media como garrapatas. Encima creen que paseando su palmito como autoridad detrás de un crucifijo le hace importante. Obras son amores y no buenas razones.
