José Alberto Pellicer
San Jorge fue un santo de más que dudosa existencia que entre sus virtudes legendarias estaban las de matar moros a diestro y siniestro setecientos años después de ser enterrado. Son estas cosas de las religiones que nunca entenderé en las que el matador es elevado a los altares para su veneración.
En Alcañiz mata a un dragón que tiene la virtud de resucitar todos los años para que lo vuelva a matar al siguiente. Aquí se mata de forma pacífica con un rosazo. No está mal.
Pero aún hace más milagros san Jorge, pues está consiguiendo que le llamemos san Yordi. Y es que para que los catalanes no se sientan discriminados (que si no nos amenazan con declararnos hijos de Franco o nos acusan de buscar su aniquilación y cosas por el estilo), se está implantando la denominación de san Yordi en todos los medios de comunicación.
Los medios de comunicación nacionales hablaban de la fiesta de san Yordi en vez de la de san Jorge. La importancia de la noticia de san Yordi en Cataluña era mayor que la de san Jorge en Aragón. Y el Lidl en sus folletos publicitarios escribía en castellano las promociones del día de san Jordi (pronunciese Jordi, con jota).
Nadie vaya a pensar que estoy en contra de la cultura y la lengua catalana que en parte admiro y siempre respeto. Estoy en contra de la imposición de las supuestas víctimas. Nos quieren catalanizar. Pero yo quiero escribir de respeto. Son muchos, poderosos y muy buenos. Nosotros pocos, pero que el posiblemente inexistente san Jorge campe por donde quiera.
El próximo uno de mayo san Yordi vencerá al dragón en Alcañiz. ¿O hay algún margen para evitar que el guión esté totalmente acabado?
