José Alberto Pellicer
La Expo de Zaragoza fue un despilfarro que nos sigue pasando una factura que iremos pagando a plazos durante muchos años.
En la Expo de Zaragoza están enterrados los servicios médicos que nunca tendremos, la educación de la que careceremos, los servicios sociales de los que adoleceremos, las ilusiones de futuro que serán defraudadas.
Alguna vez, cuando paso cerca, veo un cadáver que me mira con desprecio. Es un cementerio donde reposa mi trabajo y el de tantos otros. Un trabajo que no hemos cobrado, no cobraremos y encima seguiremos pagando. Es un cementerio donde reposa el despilfarro y la buena vida de muchos.
Con nuestro dinero se pavonearon. Ahora les falta dinero y para no dejar de pavonearse nos quieren cortar nuestras pocas plumas para lucirlas ellos. Es la crisis nos dicen y lo admitimos como un mal que debemos sufrir.
Por mucho que nos dijeran, la Expo de Zaragoza no tuvo ninguna repercusión. Tuve ocasión de estar ese año en varios países y casi nadie conocía Zaragoza y nadie sabía que había una Expo.
Todos los partidos lo apoyaron. Despilfarraron agua para hablar del ahorro del agua. Esa es la simbiosis, la paradoja.
Hubo un personajillo de la nobleza que parece que frecuentó a las administraciones que preparaban la Expo. Ese personajillo, ahora investigado por la justicia responde al nombre de Iñaki Urdangarín. Sería interesante que los Belloch y Marcelinos Iglesias que entonces gobernaban, dieran alguna explicación. Por si acaso. Sobre todo para no tener la sospecha.
