
José Alberto Pellicer
Hace unos años estuve en el Sahara y veía por las mañanas cómo los niños salían de casas de adobe y de lona, aseados, para ir caminando por la arena del desierto hasta la escuela. Me emocioné hasta la lágrima. Gente sin futuro que no por eso deja de educar a sus hijos.
Me ha emocionado también ver a niños alcañizanos que por las mañanas van con sus bolsas de tapes de plástico hasta el colegio para contribuir con su aportación a que una niña aragonesa pueda recibir tratamiento médico en Estados Unidos.
Me emociona que gente se desviva por los demás.
Pero yo no recojo ni un tapón.
Leí hace unos días que se habían recogido algo más de 500 kilos de tapones en Alcañiz, después de varios meses de campaña. Eso hay que traducirlo en dinero. Eso quiere decir que en el mejor de los casos, si llegan a los 1000 kilos, se recaudarán 250 euros. Sí, una campaña para recoger 250 euros. Pero no acaba ahí la cosa. Los gastos reales de recogida de tapones, de cajas de cartón que los guarden, de carteles llamando a la colaboración, de transporte hasta Alicante en camiones, (que aunque lo hagan gratis tiene un coste económico) superará con creces los 250 euros recogidos. Es decir que si sólo se recogiera el dinero que cada uno va a gastar en la campaña, se superaría con creces la cantidad recogida.
Si además cada cinco niños o adultos que participan en la campaña aportaran un euro, la cantidad sería muchísimo mayor y con un esfuerzo muchísimo menor.
Pero todavía hay más. ¿No debe garantizar el estado la sanidad gratuita para todos los españoles? Si en España no hay medios porque es una enfermedad rara, que se pague su traslado a donde haga falta.
Exigir que el estado corra con los remedios de curación de la enfermedad sería un acto solidario, social y de repercusión mucho mayor que lo que se está haciendo porque sería una conquista para todos los enfermos actuales y futuros.
Nadie entienda que esto es una crítica contra quien solidariamente lo organiza y colabora. Mi respeto y mi emoción, pero yo no “tapeo”.
Enviar, mantener y devolver un solo soldado en Afganistán (que aún no sé qué se nos ha perdido allí) cuesta muchísimo menos que la solución a la enfermedad de esta niña.
(Mis tapones los deposito en el contenedor amarillo).
