Opiniones

Enrique Martínez

Adalides a jornal

Tiempos ha, cuando andábamos los españoles empeñados en construir la democracia que tras 40 años de posguerra y dictadura anhelábamos, desde la izquierda (entonces el PSOE formaba parte de ella) nos esforzábamos en buscar ciudadanos que estuvieran dispuestos a formar parte de las exiguas filas de los nacientes partidos políticos.

Bien sea por que la experiencia de 40 años de represión así lo aconsejaba, sea por que la práctica del ideario izquierdista así lo imponía o tal vez por ambas cuestiones, los requisitos para engrosar las filas del partido a los nuevos militantes eran algo estrictas en cuanto al pensamiento político y la voluntad de hacerlo público (algo bastante comprometido).

Los procesos democráticos internos de elección de líderes tenían en ocasiones debates ideológicos que servían para seleccionar a quienes luego nos representarían.

Con el tiempo esto se relajó hasta perderse. El sistema piramidal de cualquier estructura de poder se ha apoderado del PSOE, la obediencia y el sometimiento a los superiores es el único método de promoción interna, concursos de méritos donde la iniciativa, la dignidad y el empuje puntúan a la baja. El librepensamiento es perseguido, la disidencia  erradicada y no es consentida la autocrítica.

Es el envilecimiento de la política, el rapto de la democracia.

Con fuerza  se vuelca hoy en mi teclado esta reflexión tras leer el escrito de Manuel Ponz en este mismo medio.

Retahílas de frases dictadas al teléfono por el jefecillo territorial, obviedades, reflexiones  prosaicas y propuestas plúmbeas.

Qué añoranza de otros tiempos en los que la capacidad de liderazgo era un valor en la política. Cuanta melancolía observar cómo se deslizan hacia el desagüe  la capacidad de análisis y los planteamientos originales, que desazón ver que  la fuerza y el ingenio  para defenderlos vuelan como despojos barridos por el  cierzo.

Adalides a jornal de la política profesional.

Políticos macilentos y sin embargo engreídos conforman los bajos estratos de la casta, sin atisbos de chispa, protagonistas de tiempos brumosos que entumecen el ánimo.

Adiós radiante, esplendorosa y añorada democracia, pasión de juventud. Tal vez volvamos a vernos.

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